Estoy vago

La verdad es que no me apetece escribir. Mi blog me aburre.

LA CITA DEL MES: Margarita Trénor

"Van a tener que ampliar el infierno."

jueves, 17 de diciembre de 2009

El abuelismo español


La utilización de la ascendencia para ensalzar o denigrar a los hombres públicos se enmarca en la obsesión  española por la limpieza de sangre

De Colón a Cervantes

Dos de los hombres más singulares de la historia universal, Miguel de Cervantes y Cristóbal Colón, se empeñaron en ocultar y maquillar su ascendencia de tal forma que ni los cervantistas más fanáticos ni los mejores eruditos colombinos conseguirán jamás averiguar las prosapias de tan interesantes personajes. Hablamos del creador de la novela moderna y del descubridor del Nuevo Mundo, nada menos...
Toda mentira, toda ocultación revela un complejo o un miedo. Tiene que ser muy poderoso el miedo para obligar a figuras tan extraordinarias a maquillar su pasado. Y es que la española obsesión por la "limpieza de sangre" ha supuesto a lo largo de los siglos una verdadera enfermedad de la mente. Lo importante no eran las obras sino los ancestros, que en España siempre han servido de arma arrojadiza, para alabar o para condenar. Fisguemos a fondo en la ascendencia del vecino, que seguro que tiene a algún judío oculto en el armario, je, je...

El abuelismo antiburgués

Precisamente, con pretexto de Memoria Histórica hay quien reactualiza la limpieza de sangre pero en forma de abuelismo: volvemos a examinar árboles genealógicos a la búsqueda de ejemplos edificantes o de piedras de escándalo, pero no se trata aquí de remontarse a los reyes godos sino de determinar qué hacía el abuelo de cada cual durante la Guerra Civil. ¿con qué bando estuvo? o bien ¿qué le hicieron?

Otra diferencia con el siglo XVI es que la infamia que suponía tener entre los ancestros a "gentes de mal vivir" ha sido sustituida por el carácter infamante de la burguesía. Buena parte de los políticos españoles pertenecen a familias de la burguesía inteligente, que fue a buenos colegios, en la que abundan títulos de universidad, que por medio de buenos contactos accede a mejores trabajos  y vive en confortables pisos repletos de libros y con piano. Este hecho es ignorado por las propagandas de partido y por la lectura universalmente negativa del término burgués, como si sólo fueran burgueses los ricachones panzudos de los grabados de Daumier contando billetes... Burgueses son los antepasados de prácticamente todos los grandes líderes mundiales, entonces ¿por qué no reconocerlo?

Aznar y Zapatero


Ejemplo espectacular de lo que decimos lo tenemos en los Sres. José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. En ningún otro país de Europa le interesa a nadie saber quién es el abuelo del presidente. Pero a nosotros sí, por lo visto.
En el primer caso, la figura del abuelo paterno, Manuel Aznar Zubigaray, despertó un morboso interés por parte de autores como el ínclito Anasagasti que, obviamente, no tenían nada mejor que hacer y quisieron herir al nieto a través del abuelo; el propio presidente Aznar, sin duda para quitarse una espinita, le dedica unas páginas a su antepasado en su libro, Retratos y perfiles.

En el caso del Sr. Rodríguez Zapatero, pocos serán ya los españoles que no sepan que su abuelo paterno fue el capitán republicano Juan Rodríguez Lozano, fusilado por los autodenominados nacionales. Esa condición fue aireada por EL PAÍS en un artículo famoso "El nieto del capitán Lozano" con el siguiente subtítulo: "Zapatero procede de una familia comprometida políticamente: su abuelo el capitán del ejército republicano Juan Rodríguez Lozano, fue fusilado en 1936". O sea, el que le fusilen a uno significa un compromiso político... El compromiso de Lozano no fue con la política sino con su lealtad de oficial: se negó a sublevarse y por eso los nacionales lo asesinaron.
Es comprensible que el Sr. Aznar o el Sr. Zapatero se interroguen acerca de quién fue o dejó de ser su abuelo; resulta más preocupante que le inquiete a los demás. La visión que cada uno de nosotros tiene de su propia ascendencia y de su familia es una de las llaves de esa misteriosa flor que llamamos identidad, y la identidad ni siquiera tiene que basarse en elementos reales o tangibles, porque del pasado sólo nos llegan retazos y además tendemos a elegir lo que nos gusta y a ignorar lo que nos desagrada; nadie tiene, en realidad, la menor idea de quiénes fueron sus mayores: nos quedamos con el cliché, con la imagen del abuelito que nos sentaba en sus rodillas, o las anécdotas que nos contaron, pero lo demás es música celestial.

Abuelismo selectivo

Además, ¿en virtud de qué criterio seleccionamos a los antepasados? Porque abuelos, cada uno de nosotros tiene cuatro, salvo excepción, y resulta grotesco oír hablar “del abuelo de Aznar” o “del abuelo de Zapatero”.
Por ejemplo, en el caso de este último, a nadie le parece interesante averiguar nada acerca de las abuelas —Josefina García y Natividad Valero— lo que no es más que una consecuencia de un machismo nada residual en el país de las cuotas femeninas. ¿Qué saben los españoles de los otros abuelos de los Sres. Aznar López y Rodríguez Zapatero? ¿O es que los Presidentes del Gobierno no tienen más que un abuelo?

Faustino Zapatero y los Zapatero del PP

Por ejemplo, ¿qué sabemos del médico vallisoletano Faustino Zapatero Ballesteros, el abuelo materno de nuestro actual Presidente? Que pertenecía a la burguesía universitaria vallisoletana. Fue, como su hermano Emilio, miembro de la Real Academia de Medicina de aquella ciudad y un distinguido neonatólogo, autor de varias obras sobre la materia. Emilio, tío abuelo de nuestro presidente, fue catedrático desde 1935 en la Facultad de Medicina de Valladolid y autor de una veintena de trabajos; superó en 1937 un expediente de depuración en Valladolid, precisamente en las mismas fechas en que los falangistas de esa ciudad querían fusilar al abuelo del Sr. Aznar. ¡A lo mejor se conocían! En 1941, a petición propia, se revisó el expediente de Emilio. Este tío abuelo del actual presidente engendró a varios hijos entre los que se contó con una numeraria del Opus Dei y con un senador del Partido Popular, el también médico Emilio Zapatero Vilallonga (1936-2000) personaje muy digno de interés, director general de Sanidad con la UCD, padre de un Plan General de Sanidad, consejero de Cultura y Turismo en Castilla y León, en el gobierno presidido por el Sr. Lucas, y además buen poeta.
En cuanto al abuelo del actual Presidente, don Faustino, ¿era de derechas o era de izquierdas? ¿Le gustaban las fresas con nata o prefería las ensaimadas? ¿A quién le importa? Podríamos dedicar mucho tiempo y energía a determinar las tendencias políticas, la vida y milagros de don Faustino Zapatero Ballesteros: ¿para qué? ¿con qué objeto? Lo único que tenemos claro de la ascendencia de nuestro actual presidente es su carácter eminentemente burgués y universitario; si tu padre es el Ilmo. Sr. Decano de la Facultad de Derecho de León, si tu familia materna cuenta con médicos distinguidos, y el tío Emilio es senador del PP ¿por qué resumir tus circunstancias personales y familiares en el abuelo fusilado?

La familia "roja" de Adolfo Suárez


Caso todavía más extraordinario es el del padre de la Transición, Adolfo Suárez cuya familia inmediata conoció el ensañamiento de posguerra sin que se le pasara a don Adolfo por la cabeza ir presumiendo de abuelos represaliados. Su padre, el coruñés Hipólito Suárez Guerra, procurador de los tribunales, era de Acción Republicana, y fue purgado con aceite de ricino siguiendo la costumbre importada por los falangistas, a imitación de los escuadristas del fascio. Peor lo pasó la familia de su madre, Herminia González Prados. A su padre, Ricardo González -abuelo de Adolfo- lo asesinaron los “nacionales” y su hermano Ricardo -tío del político- murió en una de las cárceles del dictador.

El abuelo galleguista de Rajoy


Por su parte, Mariano Rajoy es nieto de un galleguista, Enrique Rajoy Leloup, decano de los abogados de Santiago al que los “nacionales” privaron de su cátedra de Derecho Civil en la universidad de aquella capital y sólo reintegraron en su decanato veinte años más tarde, para castigar sus tendencias autonomicistas.
Salió bien librado comparado con la familia de Adolfo Suárez o con la del capitán Rodríguez Lozano. Recientemente Rajoy Leloup fue nombrado hijo adoptivo de Pontevedra.

Reduccionismo versus continuidad

El abuelismo, como hemos visto, parte de un prejuicio selectivo, se habla de este abuelo y no del otro y se olvida de forma casi unánime la existencia de las abuelas. Por otra parte, se reducen las vidas ajenas a una sola circunstancia, si el abuelo fue "rojo" o "azul", olvidando las auténticas trayectorias. El personaje de Faustino Zapatero o Manuel Aznar, un distinguido médico y un enorme periodista, ¿se pueden reducir exclusivamente a sus identificaciones políticas, a su actitud durante la tragedia de 1936? Ese reduccionismo impide contemplar la verdad -y la verdad siempre se defiende sola-  y es que los españoles simpatizantes o víctimas de uno y otro bando, se dedicaron durante largos años de posguerra a tratar de sacar adelante a su familia; los hijos de los “rojos” buscaron la forma de medrar en la España “azul”, lo cual es tan natural como el instinto de supervivencia.
La memoria histórica no consiste sólo en fijarse en lo que sucedió durante tres años de guerra, sino en lo que hubo antes y lo que vino después. La historia sólo se puede estudiar como una continuidad.

Luis Español Bouché

sábado, 12 de diciembre de 2009

El aborto y la estética


El triunfo del abortismo resulta incomprensible si no tenemos en cuenta el factor estético en una sociedad que subordina los valores a la apariencia

El ruido mediático y político acerca de nuevos proyectos abortistas nos impide ver la esencia de la cuestión. El problema del aborto es muy serio porque no se refiere a un enfrentamiento entre sociedad laica y cultura religiosa; se refiere nada más y nada menos que al derecho a matar o no a otro ser humano; un ser humano, que, para más Inri, no es culpable de nada, es totalmente inocente y totalmente vulnerable.

El asunto fue lo suficientemente grave como para provocar la abdicación de Balduino de Bélgica, rey de una monarquía constitucional moderna, al que Juan Pablo II dedicó estas palabras: "Te damos gracias también, Madre de la Gracia divina, por el rey Balduino, por su fe inquebrantable y por el ejemplo de vida que dejó a sus compatriotas y a toda Europa. Te damos gracias por su enérgica defensa de los derechos de Dios y del hombre, y en particular del derecho del niño no nacido a la vida."

Todos fuimos cigoto, embrión y feto

Todos los adultos, fuimos adolescentes, y antes niños. Y antes de nacer, fuimos feto, embrión y cigoto. ¿Cuándo empezamos a ser? Evidentemente, antes de la concepción de aquella célula en la que echó a rodar nuestra existencia, no éramos nada, como mucho, una posibilidad entre trillones de trillones... Y de repente un día, un espermatozoide de un joven y el óvulo de una joven se fundieron. Y surge el principio de alguien, de ti, de mí, de cualquiera de nosotros. Y un día, este corpachón mío, y el tuyo, y el de los que estuvieron antes que nosotros y el de los que vendrán después, desaparecerá por disolución...


A todos nos espera la muerte, y por eso la vida es tan importante, todo lo que soy, todo lo que fui, todo lo que seré o podría llegar a ser está limitado a ese milagro que llamamos vida, a ese empezar y seguir que surge en el momento de la concepción y terminará con seguridad, quizá hoy mismo, quizá dentro de algunas pocas décadas. La vida es un chispazo entre dos misterios, entre dos nadas, quizá.

Que la víctima no sienta, ¿justifica su asesinato?

Hay quien opina que se puede matar al que va a nacer antes de que tenga formado el sistema nervioso. Es decir, que como no se va a enterar, lo podemos matar. Ese argumento es similar al que defienden los partidarios de dejar morir a los que se piensa que no van a salir de un coma profundo. Con la diferencia de que el embrión no está precisamente en coma, no es alguien que ha ido a menos sino alguien que va a ir a más.

Al rey Hamlet, mientras dormía, lo asesinó su hermano Claudio vertiendo veneno en su oído. Si me matan mientras duermo, ¿será menos grave que si me matan despierto? Shakespeare nos dice que no, que al contrario, y nos recuerda que la alevosía es un agravante. El que va a nacer también va a despertar. Con toda seguridad. Es cuestión de tiempo, unos meses como mucho… Va a salir del sueño embrionario y despertar a la realidad y a la vida.

¿Por qué hay abortistas?

No existe absolutamente ninguna razón científica ni ningún argumento ético o moral para considerar que supone matar menos el matar a quien va a ser, a quien ya es y cada día va siendo más. No hay nada más injusto que el aborto, entonces, ¿por qué personas buenas e inteligentes se han incorporado al abortismo y lo justifican? ¿Por qué ha triunfado la aceptación social del aborto que tanto preocupaba a Julián Marías?

Y es que la explicación, que no la justificación, no es de índole ética ni científica ni moral, sino exclusivamente estética.

El feto es feo

“Que se mueran los feos”, decía una divertida canción de los Sirex que inspiró una película venidera, y en el caso del embrión esa es la expresión de la misma realidad. En feto entran todas las letras de feo y para decir de alguien que es muy feo se dice "más feo que un feto malayo". Nunca he entendido, por cierto, lo de malayo.


Quizá la verdadera razón por la que hay gente dispuesta a matar niños en la tripa de sus madres, es porque no tienen forma humana, porque cuando son minúsculos, parecen una mucosidad, una lentejita de carne; porque cuando se desarrollan en forma de embrión, al principio no son distintos del embrión de una rata, un pez o un sapo. La embriología es la ciencia de la diferenciación, lo que aparentemente es idéntico se va poco a poco haciendo distinto, en función de claves misteriosas inscritas en los genes.

La belleza es fuente de empatía

Lo mismo ocurre en la vida corriente cuando muere un niña adorable con sus mejillas sonrosadas y sus caracoles. Todo el vecindario se conmueve y se solidariza. Si la niña muerta es en realidad muy fea, la gente se moviliza menos. Si es deforme, si su cara está quemada y “es un monstruo”, nadie se molestará, salvo sus padres, los que la quieren de verdad, y los bienpensantes sentenciarán “pobrecita, en el fondo, es mejor así”. La belleza, como la fama, genera empatía.

La estética implacable



La estética es una Diosa nazi que no tolera seres inferiores; que se lo digan a todas las jovencitas anoréxicas que se han suicidado lenta y cruelmente, matándose de hambre porque no les gustaba su aspecto; que se lo digan a Cirano, acomplejado por su nariz, el valiente entre los valientes que sin embargo se acobarda ante el amor porque teme no gustar… ¿Cuantos millones de ciranos no habrán renunciado a darse una oportunidad por miedo al fracaso? El culto a la belleza es la más fanática de las religiones, el credo más despiadado. Yo soy yo, y si por desgracia sufriera un accidente que me dejara deforme, desfigurado, seguiría siendo yo, mi mente sería la misma, pero ¿cuál no sería mi desesperación? La belleza es Elena, desencadenando la guerra de Troya; es la condesa Báthory bañándose en sangre de jovencitas para mantener su juventud, es Dorian Gray, desesperado ante la idea de envejecer...

Fetos y embriones no suscitan empatía; no nos atrae nada que sea deforme, y un feto es algo sanguinolento, gelatinoso, algo que da asco. Ese asco, en definitiva, justifica nuestra indiferencia.

Luis Español Bouché

viernes, 11 de diciembre de 2009

Valor y cobardía: los ultras en la Universidad

Las actividades de ultras "de izquierda" en las facultades españolas no han merecido hasta ahora una reacción oficial de quienes deben velar por la estudiosa paz de los campus

El joven Ignacio de Saavedra lleva meses denunciando las actividades de grupos ultras en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Ha llamado a todas las puertas, a todos los medios. Hasta ahora sólo algunos medios digitales se han hecho eco, como Libertad Digital, Asturias Liberal o La Voz Libre y también medios escritos del grupo Intereconomía como Alba y La Gaceta. A la prensa tradicional no le interesa el tema... Y es una pena, porque dado el sesgo de alguno de los referidos medios podríamos tener la sensación de que para ser patriota hace falta ser carlista o franquista. Dicha imputación sería imbécil por partida doble, porque si de un lado desacredita el patriotismo, del otro le regala a la ultraderecha una baza que no merece... En cualquier caso, los diarios correctos pasan del asunto. ¿Será incorrecto ser patriota?

Valiente sin padrinos

Saavedra no es un alto cargo. No cobra un sueldo. Carece de padrinos. No tiene un tío senador ni un cuñado concejal. No le pagan por ejercer una magistratura, no tiene derecho —todavía— al Ilmo. ni al Excmo. que con frecuencia preceden a nuestros Vellidos Golfos hijos de Golfos Vellidos, dignos sucesores de toda esa caspa oficial que del Canto del Pico al Pazo de Meirás entiende el poder como una herencia y piensa que La Patria es el nombre de un cortijo.

La cobardía oficializada
Ignacio de Saavedra lleva meses denunciando, erre que erre, la presencia de ultras en la Universidad, denunciando la complicidad de autoridades académicas indignas que con su silencio avalan la actividad de esos enemigos de la libertad. Y digo ultras a sabiendas de que son ultras que se consideran de izquierda porque la ultraizquierda es la misma basura que la ultraderecha, sólo cambia el color del cubo. Hace treinta años canallitas de corazón azul, con su camisita y su canesú, se dedicaban a disparar sobre estudiantes desarmados en la Facultad de Derecho de la Complutense. Hoy canallas de ultraizquierda se dedican a poner nombres de personas en dianas pintadas en una pared o insultan a Rosa Díez. Los canallas son lo mismo, aunque no sean los mismos. Intentar distinguir entre la ultraderecha y la ultraizquierda no resulta posible por el olor ni por la consistencia, ni por la marca del retrete donde empieza y acaba su ciclo vital.

Me alegro de que gente valiente como Nacho Saavedra y los chicos de la fundación DENAES hagan lo que no hacen los rectores, ni los decanos, ni las autoridades políticas de las que depende la Universidad: denunciar a los asesinos y a sus cómplices, denunciar a los que quieren amedrentar, a los que amenazan, a los infinitos cobardes que se ocultan como larvas de mosca verde en la boñiga universitaria y política, esa boñiga que les engorda tan bien y que también les paga un sueldo, por no hacer nada.

Valientes con bandera

El valor de esos jóvenes es el valor de un David sin honda, desarmado y maniatado, pero que tiene el valor de no callarse, por más que con el dedo, silencio le avisen o le amenacen miedo. Todavía hay espíritus valientes. Todavía hay quien piensa que en encanallarse caben todas las letras de callarse.

El valor, el verdadero valor, no es esa exhibición de borrachos de feria, ese valor alcohólico de jaque putero y de capitán araña, al que se le va la fuerza por la boca, valor devaluado del chulo y el  hampón, del ultrasur futbolero o batasuno tabernero. Valiente no es el que pega, ni el que ofende.

El valor, el verdadero valor, es una humilde bandera personal, una bandera que se llama dignidad, una bandera con nombre y apellido, porque los valientes no se ocultan en el anonimato, no se esconden, no se dejan amedrentar, no se rinden jamás. Valientes son los que dan el salto de casarse y tener hijos, valientes son los que madrugan para trabajar, valientes son las mujeres que trabajan en un universo machista y se despanzurran vivas para traer hijos al mundo, y mantenerlos; valientes son los que cuidan de los viejos, y los lavan, y los quieren; valientes son los que se enfrentan a la vida de tú a tú, de poder a poder, atándose los machos.

La cobardía es un lecho inmenso, cálido, acogedor, que siempre te invita, tentadora: “donde caben millones, cabes tú también; no te singularices, sé vulgar, sé feliz, vuelve al camino trillado, amplio y generoso y olvídate de la senda tortuosa de la virtud; ven a revolcarte en el tibio lodo de los síes, no seas de los que dicen no”.

David, decíamos, es pequeño, es joven, es vulnerable; Goliat es enorme, es la suma de todos los filisteos, es la cobardía general e institucional, la rendición de las instituciones; Goliat somos cuarenta y cinco millones de corderos, que ante el silencio de los pastores sólo sabemos balar nuestro miedo, arrodillados.

España somos todos los españoles

Esta madrugada he visto al pobre David durmiendo desnudo, al raso, al calor de un trapo. Hace frío. La escarcha cubre el trapo. Si te acercas, resulta que ese trapo es una bandera rojigualda, una bandera vieja, cargada de parches, y de siglos y de dignidad, una bandera que nos representa a todos, incluso a los parásitos que la pisotean, los miserables que la queman, los desperdicios humanos que no la defienden, cuando tienen la obligación legal y moral de defenderla.

Porque España no es un ente abstracto, ni lo que le falta a Portugal para ser una Península ni un feudo de católicos reyes; España somos todos y cada uno de los españoles, los buenos y los malos, los que creen en España y los que, siendo españoles, odian España con toda su alma. Pobres capullos, todavía no han comprendido que se odian a sí mismos…

No sé por qué, pero al meditar sobre el valor de Nacho de Saavedra, me acuerdo del final de Cyrano de Bergerac: Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès! Non! non! C'est bien plus beau lorsque c'est inutile!

Luis Español Bouché