Vuelvo a ocuparme de mi blog

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LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

lunes, 7 de julio de 2008

La libertad como sensibilidad: Guillermo Oncíns

El liberalismo es ante todo la expresión política de una libertad personal.

El confuso significado del término "liberal"
La palabra liberal la usan hoy día franquistas impenitentes, sicópatas austriacos, constructores marbellíes o la infecta ralea que defiende la prostitución infantil o la venta de órganos humanos en nombre del libre mercado. Liberales se consideran los que amparan a la dictadura china en nombre del progreso económico, hay esclavistas liberales, explotadores liberales, criminales liberales, para los cuales el dinero es el alfa y el omega de cualquier ética y de cualquier moral; y me han dicho que Hannibal Lecter estaba pensando en crear un partido liberal.
También se autonombran liberales los medios que confunden la crítica de la izquierda con el elogio de la ultraderecha. Los liberales de verdad, en España, somos muy pocos, cuatro gatos y pare Vd. de contar. A nivel mundial el liberalismo ha muerto, es un significante con demasiados significados y para mí ya sólo es un sentimiento, una sensibilidad, una forma de abrirse a un mundo que brinda generosos racimos, un mundo lleno de libros que leer y de quesos por probar, un mundo en el que caben las blancas playas tailandesas y los campanarios toscanos, un mundo de amores y de sabores, lejos, muy lejos, de la gris uniformidad de nuestros gulags culturales. No sé si existirá una estética liberal pero uno de los grandes maestros del liberalismo, Edmund Burke, indagó acerca de lo sublime y de lo bello; y lo que parece claro es que el eclecticismo es una consecuencia de la libertad personal. Vaya Vd. a ser ecléctico en Corea del Norte y luego me lo cuenta…


Guillermo Oncíns: una personalidad única
Un representante de esa sensibilidad podía ser mi amigo Guillermo Oncíns, que se reunió con el Gran Cocinero del Universo el 7 de julio del 2007, hace justo un año.
A Guillermo le pilló la muerte en su casa, su guarida sentimental, en cuyas paredes había colgado sus amores: masones célebres, pastores evangélicos, fotos de sus familiares, imágenes de algún monarca, y una habitación entera para su biblioteca, el corazón de su casa. Su vida giraba alrededor de varios ejes: su familia, la masonería, su iglesia y un montón de libros que atesoraba en su estupenda biblioteca. Ateneísta, espíritu curioso, devorador y bibliófilo, maniático de las encuadernaciones, al cabo de los años hablaba español, árabe, francés, inglés, ruso, portugués, griego moderno, griego clásico, italiano, búlgaro, rumano, algo de armenio, algo de hebreo...  Y aunque traducía a Ovidio de corrido y podía improvisar versos latinos a voluntad, sólo le interesaban las lenguas vivas. Poseía un extraño don: si dejabas a Guillermo un mes en mitad de Asia Central o en la jungla de Borneo, seguro que al cabo de los treinta días aprendía el idioma local, fuese kazajo o dayako. En España sólo he conocido a alguien con esa capacidad, el padre Moreno Reixac (S.J). ¿Quién sino Guillermo era capaz de coleccionar antiguas biblias en eslavo eclesiástico, biografías de santos armenios, novelas de Kipling y discursos de Castelar? ¿Quién podía emocionarse con una procesión de religiosos montenegrinos, rememorar al gallardo rey Óscar llevando la estrella amarilla o relatar con todo detalle su propia visita al monasterio de Santa Catalina, en el Sinaí?
Guillermo sentía auténtica pasión por el mundo judío, pero también por las iglesias ortodoxas o los musulmanes ahmadíes. Viajero infatigable, jefe de carga, durante años de una compañía aérea, Güili recorrió el mundo de polo a polo descubriendo recetas nuevas y cultos misteriosos y siempre quise verle escribir un libro, “Oraciones y ollas” dedicado a esas dos grandes emanaciones culturales del Hombre: la Cocina y la Religión.
Su poderosa personalidad sólo podía generar envidia en los mediocres y en los grises; pero también le conquistó adhesiones inquebrantables. He conocido a pocos como Guillermo, o para ser más justo, no he conocido a nadie como él. Creo que se daba cuenta del enorme respeto que sentíamos algunos por su persona y por eso nos aguantaba, porque le escuchábamos. ¡Tenía tanto que decir, tanto que contar! Cuando nos veíamos, me hablaba de mundos que yo desconocía, de aquel universo suyo de logias y de rituales, de los países que había visitado y de los platos que se había zampado… Recuerdo sus carcajadas cuando me enseñó aquella canción de los carlistas que tiraban al suelo las biblias de los misioneros protestantes: “Fuera fuera protestantes, fuera fuera de la nación, que queremos ser amantes del Sagrado Corazón”. Sus convicciones reformadas eran tan firmes como su fe en la monarquía o en los Estados Unidos, país que idolatraba. Guillermo se sabía páginas enteras de la Biblia y conseguía conmoverme con alguna cita oportuna del Libro. A Guillermo el mundo de hoy le parecía un jeroglífico: hombre enamorado de la vida, no podía comprender el aborto, y en la cadena que le sujetaba al pasado, cada eslabón era un sentimiento. En su cabeza la monarquía era algo serio y las princesas eran primas de las hadas; un día me espetó: “Luis, yo soy de otro tiempo, de cuando los hombres eran hombres y los reyes eran reyes”. Sin embargo, ese “hombre de otro tiempo”, lejos de entrar en bucles sentimentales, sabía utilizar Internet, recibía y mandaba correos electrónicos de medio mundo, participaba en foros armenios o sefardíes, compraba sus libros en línea, se interesaba por todo, sin disciplina de ningún tipo, con la pasión de su ilimitada curiosidad.

Ideas políticas versus sensibilidad
Sus ideas políticas no tenían nada que ver con su sensibilidad, Güili era más bien carca y contradictorio —¿quién no ofrece contradicciones?— pero su actitud abierta ante la vida decía bien alto que la libertad consiste, ante todo, en la posibilidad de elegir, en esa libertad interior al lado de la cual las libertades políticas son como mucho una coartada, apenas un pretexto, ni siquiera una excusa.
El tan criticado régimen de libertades que hoy disfrutamos en nuestra sociedad abierta occidental permite que personas de distinta fe, gustos y creencias, personas difíciles de etiquetar, y categorizar, puedan vivir sin miedo y desarrollar sus vocaciones, atendiendo a sus gustos y manías. Convendría recordarlo.

Luis Español Bouché
Publicado el 7 de julio de 2008 en Asturias Liberal.