Vuelvo a ocuparme de mi blog

De paso recupero artículos míos en los desaparecidos portales suite101.net y asturiasliberal.org o artículos borrados de la versión electrónica de abc, preservados por archive.org o por la memoria caché de google.

LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

lunes, 27 de septiembre de 2010

Teoría del Hijoputa

Hijoputez y envidia son dos de los motores de las realidades sociales

Antes de proseguir con nuestro Seminario de Economía Real ¿Quién se queda con la pasta?, y abordar la Segunda Jornada, conviene aclarar conceptos y como pretendemos dilucidar los verdaderos resortes de la realidad social -y por lo tanto de la Economía- resulta forzoso el estudio miramebiano sobre la envidia y la hijoputez, continuación del hoy perdido Discurso sobre los Medici de Maquiavelo. Y es que,  ¿de qué sirve ser rico si no puedo humillar a otros? Esta pregunta no se la hicieron Ludwig von  Mises ni Maurice Allais; es la primera frase de un estudio secretísimo y judeomasónico custodiado por la Comisión Trilateral, el Club Bildelberg y la Peña Madridista del Liceo Francés: nada menos que la Teoría del Hijoputa de Mirameba; ¿de quién si no?

El sacrificio de un ateneísta
Cuando Mirameba organizó su Comité para el Cambio Horario en las Bárcenas, todavía era un hombre libre, quiero decir que no era huésped de las instalaciones sanitarias de Ciempozuelos. Habiendo nuestro Académico Corresponsable observado que el pollo con patatas le sabía mejor cuando la televisión daba noticias de espantosas hambrunas en Etiopía, Mirameba fue consciente de que algo no andaba bien en su mecanismo interior; le disgustó alegrarse de las desgracias ajenas, se sintió malo, perverso, una mezcla de teórico marxista y ultraliberal; en una palabra, se sintió como se siente cualquier mandatario chino: "Menudo cacho hijoputa soy..." constató el líder del movimiento Pro Independencia de Alcobendas; pero como en el fondo -muy en el fondo- Mirameba es bueno, se arrepintió, y para congraciarse con Yahvé, sacrificó a un ateneísta muy pesado en Valdemoro, que es lo más parecido que puedes encontrar en Madrid al monte Moriah.
De hecho el sacrificio ritual de ateneístas pelmazos fue lo que llevó a Mirameba primero a los calabozos de los juzgados y luego a las celdas acolchadas de Ciempozuelos, aunque también es justo reconocer que le hizo un favor a la Docta Casa y también se lo hizo a sí mismo: durante las horas de asueto que le ofrecían sus forzados encierros, Mirameba confeccionó su famosa Teoría del Hijoputa, que se estudia ahora en todas las Universidades de Fuera de España (UFE), allí donde no se intenta relacionar el Fuero del Baylío con la Guerra Civil ni las Nuevas Corrientes Historiográficas con el Juez Garzón.

Medibilidad de la Envidia y de la Hijoputez
Mirameba intuyó que lo que los cristianos llaman el Mal es una realidad polifacética aunque responda a un fondo común, el albañal de lo maligno; en palabras de San Juan Crisóstomo, "hay muchos gusanos en la gusanera, pero cada uno lleva un collar distinto". ¿Quién se alegra de las desgracias ajenas? Un hijoputa.  La Envidia y la Hijoputez son funciones de lo ajeno, pero la Envidia crea un desvalor mientras que la Hijoputez crea un valor. Me explico:
Envidia: sufro al saber del éxito ajeno
Hijoputez: me alegro de la desgracia ajena.
Luego alcanzaremos mayor felicidad reduciendo nuestra envidia -fuente de infelicidad- y aumentando nuestra hijoputez -fuente de satisfacción- (corolario de Sade).
Por otra parte, si la envidia que yo pueda experimentar me produce insatisfacción, me causará siempre satisfacción saber que los demás me tienen envidia. La demostración de esta proposición es instantánea: el que me tiene envidia es menos feliz, así que si me alegro de la desgracia ajena, me alegraré de que me tengan envidia; en consecuencia la maximización de la hijoputez subsume la máxima envidia ajena, puros néctar y ambrosía para el hijoputa auténtico.

Fórmula del Perfecto Hijoputa
Nota importante: usamos aquí sumas y restas para simplificar, pero en realidad el estudio original de Mirameba utiliza derivaciones, logaritmos, vectores deslizantes y funciones exponenciales que representan el fenómeno con mayor fidelidad. Donde, en las fórmulas, ponemos el símbolo "=" debiéramos poner otros garabatos que no se pueden conseguir en Blogger y que significan "equivale a" o "tiende a" según el caso.
Notación:  Fp = felicidad propia; Ep=envidia propia; Hp= hijoputez propia; Fa = felicidad ajena; Ea = envidia ajena. En esta notación consideraremos que la envidia propia es la envidia que tengo de todos los demás y la envidia ajena es la envidia que todos los demás me tienen.

1) Hipótesis: mi felicidad es función de mi envidia y de mi hijoputez, y alcanza un máximo cuanto mayor es mi hijoputez y menor es mi envidia.
Formulación: Fp es f(Ep,Hp), y

maxFp = maxHp - minEp

2) Por otra parte, y como hemos apuntado:

maxHp = minFa + maxEa

es decir mi función hijoputa alcanza un máximo cuanto más infeliz es el otro y mayor es su envidia. Luego retomando la primera fórmula:

maxFp = maxHp -minEp

es equivalente a

maxFp= minFa + maxEa - minEa.

Resulta obvio que si maximizo Ea entonces minEa  = 0 y, simplificando, obtenemos la Ecuación del Perfecto Hijoputa:

maxFp = minFa + maxEa

Traducción: cuánto más infelices y envidiosos son los demás, más feliz soy yo.

Esta ecuación es realmente sorprendente porque supone que mi felicidad es función directa de algo que, en principio, no me es propio como son la felicidad y la envidia ajenas.
Pero claro, recuerdo al agudo lector que hemos considerado inicialmente que por envidia ajena entiendo la que los demás me tienen a mí y que, en consecuencia, la felicidad y la envidia ajenas no son variables independientes de mí. En este sentido la intuición de Mirameba es de carácter einsteniano. Al igual que el tiempo y el espacio no son independientes, tenemos algo semejante en el caso de las relaciones de envidia e hijoputez: lo propio no es independiente de lo ajeno. De hecho, la envidia supone la existencia de Otro. No puedo tener envidia de mí mismo aunque sí puedo hacerme putadas (autosabotaje, suicidio, etc.).

Validez general
Podríamos pensar que la fórmula miramebiana sólo es exacta en el supuesto de que dos sujetos A y B fueran los únicos habitantes del planeta Tierra. A sólo podría tener envidia de B y viceversa. Pero, ¿qué ocurrirá cuando consideremos más individuos? Y es que el inteligentísimo lector intuirá que amén de la envidia que me tienen a mí, los demás pueden tenerle envidia a otros. Ahora bien, si tenemos tres sujetos A, B y C, ¿aumenta la felicidad de A el que B tenga envidia de C? Rotundamente: . ¿Por qué? Porque la felicidad de A aumenta en función de la infelicidad de B y como la envidia que B le tiene a C disminuye la felicidad de B, entonces aumenta la felicidad de A. Luego la fórmula miramebiana conserva esencialmente su validez en el caso de tres individuos. Por inducción se demostrará que lo que es cierto para 2 o 3 individuos también será cierto para n superior a 3.
La Teoría del Hijoputa no es en sí misma ninguna lección pero nos abre perspectivas insospechadas hasta ahora sobre el Valor Ofensivo del Dinero, objeto de la segunda jornada de nuestro Seminario.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Prestación de Servicios: en qué consiste la externalización


Seminario de Economía Real ¿Quién se queda con la pasta?
Jornada Inaugural

Empezamos en este blog un Seminario de Economía Real con el título: “Quién se queda con la pasta” en atención a una reiterada petición de nuestros lectores. Hace unos días, una bellísima lectora que firma como Dra. Amor me escribió la siguiente misiva: “Sapientísimo y guapísimo Sr. Español, querríamos que nos explicara Vd. si además de la pajarita lleva puesta más ropa y por qué las cosas son como son y quién se queda con la pasta.” Luego la carta entra en una serie de consideraciones y declaraciones que yo querría creer, y honran mucho mi ego, pero como soy un caballero, no repetiré. Aclaro, por las dudas, que sí hay ropa debajo de la pajarita.
Muchos os hacéis la pregunta, por la noche, mientras disfrutáis de la copita, de por qué hay gente putrefacta de millones, y los demás nos las vemos y deseamos para llegar a fin de mes. En este Seminario procuraremos explicar las cosas de una forma clara y concisa, para que los grandes sabios y los humildes gañanes se enteren por igual de los secretos de la economía real. Debo confesar que dada mi crasa ignorancia en algunos temas, me han asesorados varios Premios Nobel además del profesor Mirameba, Académico Corresponsable.

CAPÍTULO I: LA PRESTACIÓN EXTERNALIZADA DE SERVICIOS

Antes del Gran Cambiazo
Érase que se era en un país multicolor, allí mismo donde vive la abeja Maya, una Administración, no recuerdo si internacional, nacional, regional, local o interplanetaria.
La Administración contrataba a 100 señores para realizar un trabajo específico: embuchar gamusinos. Como todos sabéis, hervir gamusinos, para luego poder despellejarlos y finalmente embucharlos, es una labor delicadísima que exige la máxima competencia y atención por parte del trabajador, como el corte de un diamante o la cirugía oftálmica. El gamusino embuchable se cotiza más caro que el caviar dorado, su caza está limitadísima y sólo existen dos territorios naturales para su proliferación: el Golf de Zarauz, y el de Puerta de Hierro.
Hay otros tipos de gamusinos proliferando en distintas zonas de España y Europa, pero son de inferior calidad, como el gamusino alpino que en Francia se conoce como Dahu (en la foto) y del que algunos zoólogos han llegado a dudar que se trate realmente de la misma especie.
Los trabajadores gozaban de un contrato temporal, una y otra vez renovado. Les pagaban 1200 doblones al mes y bueno, no eran millonarios pero no se quejaban: pagaban sus facturas y su hipoteca.

El Gran Cambiazo
Un día, la Administración anunció que dejarían de renovarles el contrato. Y es que la Administración había firmado con la empresa BIGPUFO S.A. un contrato de Prestación de Servicios.
BIGPUFOSA contrató entonces a los mismos trabajadores, los mismos 100 señores especialistas en embuchar gamusinos. No les dio ningún tipo de formación añadida, ellos ya estaban formados, para eso habían estudiado y se habían preparado, y durante años habían sido los únicos en embuchar gamusinos en el país multicolor.
La sorpresa vino después: en concepto de “prestación de servicios”, BIGPUFOSA cobraba 110.000 doblones mensuales, le salía un poquito más barata a la Administración que los cien sueldos de 1200. Pero lo genial del asunto es que BIGPUFOSA pasaba a pagar a los mismos 100 empleados 800 doblones en lugar de 1200. Beneficio para BIGPUFOSA: 30.000 doblones al mes.
- La Administración ganaba: pagaba menos por el mismo servicio. Algo bueno para el contribuyente.
- BIGPUFOSA ganaba: se lucraba a lo bestia sin poner absolutamente nada en el asunto.
- Los únicos que salían perdiendo, eran los embuchadores, que pasaban de ganar 1200 a ganar 800.
Vellido Dolfos hijo de Dolfos Vellido
Me diréis que naturalmente los sindicatos y los partidos de izquierda protestaron y se encadenaron a las verjas de las administraciones; que los partidos de derecha, sensibles a la situación de las familias, pilar de la sociedad, como herederos de las conquistas sociales democristianas se opusieron también; que la Prensa siempre tan atenta a los abusos, se conmovió ante la colosal estafa sufrida por los trabajadores.
¡Pues no! Y es que la clave del asunto reside en que la Administración de turno tiene un responsable, el Sr. Vellido Dolfos y BIGPUFOSA en realidad es propiedad al 100% de Dolfos Vellido, que casualmente resulta que es el papá de Vellido Dolfos. ¡Mira tú qué cosas! Seguro que os he sorprendido, y os confesaré un secreto masónico de grado 69: los grandes partidos están llenos, plagaditos, de Dolfos y de Vellidos. Por cierto, algunos mal informados escriben Dolfos con "g".
Como decíamos, la Prestación -virtual cesión- de Servicios que otros llaman externalizar -que tiene más talante, por detrás y por delante- es impecable para la Administración, ya que -de hecho- abarata el coste del mantenimiento de una actividad o servicio; y es todavía más impecable, también, para los Dolfos y los Vellidos.
Para quien resulta menos impecable es para los trabajadores y si os preguntáis por qué los Sindicatos no hacen nada de verdad al respecto, os diré que en el País Multicolor se comenta últimamente la profunda moralidad de los cursos de formación que han cobrado algunas organizaciones laborales, o se sorprende el público al averiguar la existencia de miles de liberados que no dan un palo al agua y cobran por callar. Si os parece, dejaremos el tema para el ulterior Máster de Práctica Sindical Avanzada, que impartirá el Dr. Capone, de la Universidad de Chicago.

El problema de los zánganos
Finalmente, sería interesante reflexionar acerca de por qué la ciudadanía permanece del todo ajena al proceso de prestación o externalización de servicios.
Quizá se deba a la existencia de zánganos incrustados en la Administración o las empresas públicas que de modo habitual han tratado a patadas al ciudadano o montado huelgas de difícil justificación como la reciente en el Metro de Madrid o las prolongadas amenazas de los millonarios Controladores Aéreos que este verano le han amargado las vacaciones  a más de uno y afectado directamente a las compañías de viajes. Las huelgas, amenazas y coacciones sindicales cuando no son la respuesta a un verdadero abuso, sólo sirven de pretexto para desprestigiar la acción sindical; eso quizá explique la indiferencia del público hacia la constante degradación de las condiciones laborales, en vías de chinificación en todo Occidente.
En breve, en lugar de negociarse imposibles subidas salariales, se negociarán reducciones del número de latigazos. Flip, el saltamontes, lo decía bien claro: por culpa de unos zánganos pagan todas las abejas.
En la bellísima imagen final vemos a un grupo de entusiastas trabajadores conducidos por un liberado (a caballo), que les acaba de explicar las grandes ventajas del trabajo en régimen de Prestación de Servicios.

martes, 21 de septiembre de 2010

La Biblioteca enjaulada

Una verja moderna afea la escalinata de la Biblioteca Nacional

El odio a lo bello y a lo bueno pensabais, pobres ignorantes, que se llamaba satanismo. Pues no; la calofobia o pulcrofobia -no sé qué término será más adecuado- es el nuevo nombre que se le da a la arquitectura (con a minúscula).
En el Diccionario Secreto de Los Que Mandan (Ed. Belcebú) están algunos de los términos adecuados para la comprensión de las avanzadas ideas estéticas de ediles, ministros y demás Chusma Horteril. En primer término está la voz tal y como la usan los Anormales y en segundo término su significado en el mundo real, de la gente normal que no se mete con nadie.
Bueno = Caro
Hacer = Perpetrar
Reforma = Desastre o Estropicio
Reformar = Desfigurar
Nuevo = Feo y/o Inútil
Y así todo. Siempre que oigo o leo noticias de que se ha aprobado un presupuesto para reformar algo, me echo a temblar... No falla. Después de la abominación de los armadillos de cristal en la Puerta del Sol, de los focos de estadio en la Plaza de la Independencia y otras aberraciones que sería larguísimo relatar, Madrid estrena una nueva monstruosidad: no sé qué genio ha conseguido encarcelar la escalinata de la Biblioteca Nacional. De la propia información de la BN deducimos que la verja durará al menos mientras se prolongue la "remodelación de la fachada". Suponemos que será temporal. Como las obras en España son eternas, ¿será también eterna la ignominiosa prisión de los libros? ¿Durará lo que duraron los andamios de San Francisco el Grande, las obras de la Capilla del Obispo, las de Sol? ¿Cuándo recuperarán su libertad nuestros escalones? Cualquiera que sea su delito, ¿tendrá fecha de prescripción?
Esa escalinata es una de las más populares perspectivas de Madrid, y allí se fotografían cada año millones de turistas. Qué hermosa imagen, la de la Biblioteca convertida en caja fuerte, en jaula de los libros... ¡ojo que muerden! Si es que ya lo decíamos al hablar de los censores de blogs, los libros los carga el diablo, y su destino ideal es una cárcel.
A las estatuas de Cervantes y Lope no se les va a acelerar el pulso por ese nuevo insulto al buen gusto; al fin y al cabo, ambos fueron huéspedes de algún calabozo, y un par de barrotes más  no van a asustarles; Vives y Nebrija se dedican a meditar, pero ¿qué dirán el Rey Sabio y San Isidoro? Están más cerca de la verja infamante y sin duda añorarán a las adorables turistas que sonríen siempre junto a sus pedestales. A lo mejor es por eso: la sonrisa es sospechosa en un país cada vez más siniestro.
El pobre Cervantes es que no da ni una. Una bruja mala convirtió el encantador jardincillo en su honor frente al Congreso de los Imputados, en un pesado mazacote de granito; ya sólo falta que derriben su estatua en la Plaza de Expaña -España, antes del Estatut- para preparar dignamente el IV Centenario de la segunda parte del Quijote (2015) y el de la muerte de su autor (2016).
Empecemos por los libros, pronto seguiremos con los lectores. ¡A la jaula, pecadores, a la jaula!
La pobre Biblioteca está gafada, y ya comentamos el increíble cese de Milagros del Corral. El próximo paso será convertir a nuestra Madre y Partera en sucursal del Corte Inglés o en un aparcamiento. Tiempo al tiempo, todo se andará.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Imaginar a Dios, imaginar el Cielo

¿Cómo os imagináis a Dios? ¿Y el Cielo?

Todas las culturas han tratado de pintar la Trascendencia, al Dios Único o a los diez millones de dioses de la India. Dioses con cara de Mono o de Elefante, Dioses griegos atléticos marcando chocolatina en el mármol, Dioses nórdicos armados de la cabeza a los pies y haciendo el bestia.
A Dios hay quien incluso se lo imagina como un monstruo de espagueti volador, pero bueno, es que hay gente muy rara a la que le gusta la cerveza tibia o conducir por Madrid. Mirameba me confesaba que él creía haber visto a Dios entre dos electroshoks, y que le parecía un gran conejo rosa con un tambor, pero yo creo más bien que justo antes de que le soltaran los voltios vio un anuncio de Duracell.
Yo no consigo ponerle cara a Dios, aparte de la de Jesús, y a veces me complace imaginarlo como un Gran Tahur muy parecido a Juan Tamariz, con una inmensa chistera barajando cartas, seiscientas a la vez; Dios me guiña el ojo y me pide que me siente a su mesa, y siempre hace trampas a mi favor, y me sirve ases y reyes de los muchos que se le caen de las mangas o se le derraman del sombrero. ¡Anda, pero si tengo póker y escalera de color! ¡Qué mano más rara! En el fondo la vida consiste en saber jugar las cartas que te tocan y darte cuenta de cuándo tienes un par de ases.
Decía Julián Marías que uno de los problemas del cristianismo consiste en la gran imaginación de los artistas para pintar el Infierno pero la escasa creatividad para imaginar el Cielo. Te vas al museo del Prado y ves unos demonios muy vistosos, como marisco de colores a los pies del San Miguel del Maestro de Zafra.
En cambio los cielos de los artistas son terriblemente tediosos -con la excepción de El Bosco- y suelen mostrar un Dios normalmente barbudo -por lo visto Dios no sabe que existen las maquinillas de afeitar- sentado todo el día en un trono entre nubes rodeado de Ángeles silenciosos y santos tocando el arpa, francamente, no parece muy atractivo.
De hecho, Ramón Menéndez Pidal le preguntó a Julián Marías si a su juicio, llegaría a ver en el Cielo los juglares. Yo estoy seguro de que don Ramón está ahora mismo pasándoselo pipa en un Cielo medieval, tomando nota de las vocales deformadas de un trovador y hablando con el mismísimo Campeador. Y don Julián, con su Lolita, y con el chiquito que se le murió, vaya Vd. a saber lo que estará planeando, tras esa discusión con Unamuno y Plotino en el Ágora celeste.
Sin duda el Cielo debe ser maravilloso y como tal un lugar divertido y lo que aquí es pecado allá estará autorizado. A la monjita nonagenaria que entrega el alma le sorprenderá sin duda renacer como un bombón quinceañero vestido sólo de espuma y saliendo como Venus de una gran almeja. Los que sean castos en este mundo quizá en el otro se divertirán mucho, a calzón quitado; además en el Cielo no hay SIDA ni enfermedades raras.
No te digo la alegría de los ateos contumaces que tras cerrar los ojos para siempre, pensando en su aniquilación y en la Eterna Nada que les aguarda, de repente ven a San Pedro, sonriente, con un pedazo de llave en la mano y a su Ángel de la Guarda que les coge de la mano y se los lleva a descubrir las maravillas de la Eternidad.
En el Cielo tiene que haber perros, lógicamente, porque todos los perros van al Cielo -de los gatos no estoy tan seguro- y también hay extraordinarias bibliotecas con kilométricas estanterías cargadas de libros, y cines en que las películas no estén cortadas, y la verdad es que el Cielo se tiene que parecer mucho al Retiro cuando te paseas con la chica de la que estás tonto perdido; se tiene que parecer a un amanecer entre sábanas, cuando tienes todavía las neuronas en standby y sientes a tu lado la tibia presencia de tu amor.
Tengo días en mi memoria que no me importaría repetir una y otra vez, y supongo que a los demás os pasará algo parecido. Pues el Cielo son mil millones de trillones de días parecidos, y las sábanas están siempre como recién hechas, siempre huelen a limpio y con un toque de lavanda.
El Cielo tiene que ser como si tuvieras un Billete para Cualquier Vuelo en  régimen de Gratis Total por Europa y por el Mundo, en que puedas visitar Praga, Florencia o París sin tener que hacer cola ni despelotarte bajo el arco detector ni problemas de delayed, ni las butacas son para enanos anoréxicos, ni te dan ganas de hacer pis justo en el momento del despegue. En el Cielo sobra tiempo y no envejeces, así que puedes estudiar lo que te dé la gana y ser fontanero durante diez años, vulcanólogo otros treinta, y si te apetece le pides al Jefe que te haga ángel durante un par de millones de años y te vas de galaxia en galaxia visitando mundos y ayudando al personal.
Y, sobre todo, puedes comer lo que quieras, cuando quieras y cuanto quieras, y no te pones malo ni engordas; y puedes fumar lo que té la gana sin que nadie te dé el coñazo.
O quizá es mejor no tratar de imaginar cómo será el Cielo y esperar aquel deseado principio tras el seguro final, y que sea Dios quien nos dé la sorpresa. Seguro que vale la pena.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Toros, religión y laicismo en Dax


Desde que me saqué el carné de conducir, no sólo me he convertido en una amenaza para los inocentes peatones, sino que aprovecho para darme garbeos que antes eran más complicados.
Hace unos días recalé en Dax, una ciudad de las Landas famosa por su fuente natural de agua caliente que proporciona cada hora 100 metros cúbicos de agua a 60º, caudal impresionante que la convierte en la más importante fuente termal de toda Francia.
Según una leyenda local un legionario romano abandonó a su perro enfermo en Dax y se fue de campaña; a su vuelta vio con sorpresa que el perro salía a su encuentro, completamente curado gracias a las beneficiosas aguas de la Fontaine Chaude. Sea o no sea cierta la leyenda -menudo ********, poned el taco que más os guste, el romano, abandonando su perrito, ¿eh?- lo cierto es que Dax conserva restos romanos porque los romanos no tenían rival a la hora de encontrar y explotar fuentes termales; yo me imagino a algún Pomponio Craso o algún Cayo Felicio husmeando el aire como un gorrino trufero y saliendo corriendo raudo y veloz a escarbar una fuente nueva. ¿Y cómo demonios sabían para qué servía el agua? A lo mejor probaban con esclavos que tenían distintos males, veían el que se curaba bebiendo y los que se morían y sacaban del experimento alguna deducción. No se me ocurre otro método.
Obélix se equivocaba, los romanos no estaban locos, ni mucho menos. Es como las ciudades que construían: si tú quieres saber dónde comprarte una casa en una vieja ciudad, averigua primero dónde se instalaron los romanos. Siempre es el mejor sitio, el que no se inunda. Nosotros tenemos computadoras, rayos láser, satelites, Belén Esteban y coñazómetros digitales pero como somos tan listos y chanchipirulis, construimos casas en antiguos cauces secos. Y luego pasa lo que pasa y acontece lo que acontece.
Volviendo a Dax, hay que subrayar que tiene el encanto y también la tristeza de las ciudades levíticas y, como en toda Europa, cesa cualquier actividad a horas en que los españoles tenemos las baterías cargadas a tope (la entrada anterior abundaba en este asunto).
Dax está muy cerca de España, tiene coso taurino y cuando estuve coincidí con un espectáculo de sabor hispánico, Salsa et Toros. Las fiestas de Dax son tan importantes que tienen incluso una advocación mariana, Notre Dame des Ferias. El pasado 12 de agosto, a las 11.15, los aficionados y turistas de Dax le brindaron a Nuestra Señora de las Ferias una ofrenda floral con música del Conservatorio municipal, ¡mais oui! 
Se da así la circunstancia de que mientras que en España se quiere prohibir la España milenaria con sus tradiciones -y su crueldad- en Francia se constituyen peñas, así como suena, se imita el uniforme rojiblanco de los sanfermines y se importa todo un vocabulario taurino... Y es que lo español es popular en cualquier lugar del mundo menos en España. También, durante las fiestas, ves a señores disfrazados de legionarios romanos por aquello de la leyenda fundacional.

La Catedral
La catedral de Dax, como tantas otros templos de Francia carece de esos oros y platas que adornan aquí las piedras seculares. El turista no puede imaginar lo que debieron ser aquellas iglesias antes del gran saqueo revolucionario. Si pensamos que el templo más importante de la Cristiandad durante siglos, el de Cluny, fue entregado a los promotores inmobiliarios de aquel entonces para convertirlo en cantera, imaginaréis sin dificultad las bestialidades cometidas en todo el patrimonio artístico de Francia por los iluminados revolucionarios y sus prósperos aliados del comercio.
Lo que falta de adorno se quiere compensar con cierta devoción por el cura de Ars, Juana de Arco -devoción derechista de los años treinta que ha ido perdiendo comba- San Vicente de Paul, Teresita del Niño Jesús o San Luis.
La Catedral de Dax resulta bastante desangelada, un popurrí de estilos que no pegan muy bien pero la visita vale la pena porque dentro del edificio se puede contemplar el espléndido Pórtico de los Apóstoles, lo que queda del antiguo templo gótico que se hundió en 1646 y se trasladó al edificio nuevo a finales del siglo XIX para protegerlo no sé si de las injurias del tiempo o de las de los hombres.

Sacerdotes negros
Cuando entré en el templo, estaba celebrándose la Misa. El sacerdote era negro, pero no de los negros oriundos de Francia, nacidos en la República y que se expresan perfectamente en francés, sino negro africano con un inconfundible acento del África Occidental francesa que evoca para mí gente sonriente, bubús multicolores y atardeceres sobre ríos cálidos donde bostezan los hipopótamos (¡toma cliché!). Más tarde averigüé que el padre era oriundo de Burkina Fasso, la antigua Haute Volta, o sea que mi oído no me engañó.
En Madrid yo he visto sacerdotes negros en los Jesuitas de Maldonado, San Martín y la Concepción. Unos son africanos y otros vienen de la República Dominicana o de otros rincones de América. La verdad es que lo de los sacerdotes negros resulta un gran invento para acabar con el racismo porque uno que está chapado a la antigua todavía besa la mano de los sacerdotes -sí, ya lo sé, soy muy carca pero no pretenderéis que mañana me ponga un anillo en la oreja ni un pircing en la pirula- y se arrodilla en el confesionario: no veas lo bien que te sienta arrodillarte delante de un negro para quitarte de encima los restos de racismo colonial que te puedan quedar pegados en los rincones del alma.
El racismo es una estética perversa que te meten en el biberón sin que te des cuenta... Yo me acuso de haber leído Tintín desde niño y los negros de Tintín tienen los ojos redondos y son como subnormales. Hergé era un señor belga de su tiempo, para el que las mujeres eran un adorno más o menos ridículo, los judíos sórdidos mercachifles con una gran napia característica y los negros una especie de chimpancés amaestrados, más o menos tontitos, muy parecidos a como los veía el Señor Oscuro de América. Ahora sigo leyendo Tintín y disfruto el doble riéndome de su impresionante carga de prejuicios.
Los sacerdotes negros nos recuerdan  hechos sin duda negativos -la crisis de vocaciones en los seminarios y el envejecimiento del clero indígena en Europa- pero también positivos: países que fueron un día tierra de misión ahora nos evangelizan a nosotros, nos devuelven la visita. La evolución de la fe a través de los siglos supone que cambias de eslabones pero la cadena permanece. Te preguntas: ¿cuánto le queda a España para convertirse en tierra de misión? ¿Acaso no lo es ya? Nuestras iglesias o están vacías o llenas de viejos, con pocas excepciones. Un fenómeno nuevo en un país como el nuestro que durante siglos ha sido pilar fundamental del orbe católico. Quizá es que nuestro catolicismo era totalmente superficial y dogmático; España y Polonia tuvieron hasta la ley Aído la misma ley para abortar, y mientras que las víctimas legales aquí eran más de cien mil al año, en Polonia no llegaban a trescientas. Los polacos son católicos de verdad, como los irlandeses, mientras que las viejas naciones católicas como Francia, Italia y España se enfrentan a un cambio brutal en su estructura religiosa: mayor presencia de otras fórmulas de cristianismo -fundamentalmente protestantes evangélicos- mayor impacto del islamismo y mayor secularización laicista.

La calle de la Laicidad
Cerca de la Catedral, de repente te topas con la Calle y el jardincillo (square) de la Laicidad -en España diríamos más bien laicismo-. El laicismo es un amable concepto de origen religioso que muchos han convertido en anticatolicismo primario, pero que en sí mismo no es malo; antes bien, la independencia de la Iglesia del Estado siempre ha sido favorable a la Iglesia puesto que la libra del chapapote político.
La rue de la Laïcité es un invento moderno, se inauguró hace menos de un año. Una calle con nombre de concepto suena más bien raro pero bueno, después de bañarme este verano en una piscina entre Freud y Marx, estoy curado de espantos. Ese laicismo urbano se debe a la acción de la asociación francesa de Libres Pensadores conectada a la bisecular tradición republicana, a la influencia cada día más limitada pero perenne del Gran Oriente de Francia y al hundimiento general del prestigio de la Iglesia entrampada en la propaganda sobre abusos sexuales y pedofilia.
El laicismo oficial de esa ciudad francesa contrasta con la santificación de las fiestas y las ofrendas florales a Nuestra Señora de las Ferias. Resulta contradictorio que de una parte se inauguren calles en honor del laicismo y que por otro lado la banda municipal toque en honor de la Virgen; en cierto sentido podemos decir que el turismo será quizá el último cartucho que le quede a la Fe para protegerse del acoso oficial. Por mucho que aquí la Zetagente se empeñe en laicizar la sociedad española no me imagino a Sevilla renunciando al Rocío o las procesiones de Semana Santa, aunque sólo sea para llenar de turistas los hoteles. Por otra parte, la locura del anticristianismo a la española no puede obviar el hecho de que toda la cultura europea es cristiana. ¿Dejaría el Auditorio Nacional de programar el Mesías de Haendel?

Lo interesante de visitar Dax con los ojos abiertos es que no sólo se puede contemplar de un vistazo dos mil años de historia, sino que el viajero puede hacerse una idea de las realidades y desafíos de la fe en una nueva Europa o de la imagen de España y de lo español en una Francia que, contrariamente a lo que muchos españoles creen, siempre ha sentido auténtica pasión por nuestras realidades y costumbres.
Luis Español Bouché

jueves, 16 de septiembre de 2010

Unos horarios no tan absurdos


Uno de los atractivos de España son sus horarios absurdos

Cuando sales al extranjero por primera vez descubres que los horarios españoles son completamente distintos a los del resto del universo conocido e incognoscible.
No sé vosotros pero a mí me encanta levantarme temprano, cuando en Madrid no han puesto las calles, aunque a veces amanezca tarde por haber trasnochado. Desayuno poco -ya lo sé, hago mal, no vale la pena que insistáis- y me casco un enorme café; luego a las doce me sacudo otro latigazo de café generoso. Por lo general, hacia las dos o las tres de la tarde como algo y ceno tardísimo cuando en Madrid ya han quitado las calles. Mi horario de comidas y de vida es más o menos resumible en que me como lo que me da la gana, cuando me da la gana.
Cuando Europa come ¡a las doce! yo voy por mi segundo café; cuando yo ceno, toda Europa lleva horas dormidita. A veces me da por llevar una vida supuestamente más sana y me acoplo a lo de cenar a las ocho pero mi voraz apetito se limita a considerar esa temprana cena como una generosa y tardía merienda y a la una de la madrugada, tambaleándome medio dormido, secuestro la despensa, atraco la nevera y me hago una segunda cena, la de verdad... Un nutricionista elegiría ese tipo de vida como un perfecto modelo de lo que no hay que hacer y dicen algunos que los horarios españoles -no me refiero sólo a los de Luis Español- son inviables y aportan sesudos argumentos. No digo que no. Pero también sé que los extranjeros que vienen a España se adaptan perfectamente a ellos. Todos mis amigos extranjeros, ya sean norteamericanos, belgas, británicos, daneses, italianos, suizos, etc. o también mis queridos compatriotas franceses, cuando se instalan en verano en Madrid, se dedican básicamente a pasarlo de miedo, a salir, a ligar y a beber, y a comer, y a ligar más, y a beber otro poco y suelen dormir, rendidos, cuando no tienen más remedio.
En cambio a los españoles nos cuesta mucho más adaptarnos a los horarios del resto de Europa. No me habléis de biorritmos ni de onanismos cientificolegales: comer antes de las dos de la tarde es una horterada, algo apropiado para los niños y para los viejos que viven en el planeta Salud.
Los niños y los viejos no comen; se alimentan -lo cual es muy distinto- y absorben unas insípidas papillas que serán sanísimas, sin duda, con sus proteínas, sus vitaminas, sus calorías justitas, pero que ni la NASA se atrevería a darle a sus astronautas porque les montarían la primera huelga en el Espacio. También tienen horarios extrañísimos los eclesiásticos, que se levantan y acuestan a horas campestres aunque vivan en el corazón de las ciudades, y los hospitales, donde el personal sanitario conspira para fastidiar a los pacientes despertándolos a todas horas.
Mientras no tenga noventa años -dudo mucho que llegue- procuraré evitar los alimentos que llaman sanos y me entregaré a la alegría de los callos con garbanzos, los huevos estrellados con su morcillita y su chorizamen, en fin, las delicias que te ponen el colesterol a niveles estratosféricos y las arterias como cuerdas de piano. Algo bueno tendrán si llevamos siglos tomándolas y no creo que por comer porquerías como las acelgas rehogadas uno viva un solo día más, ni que ese día de más sirva para escribir el Quijote o descubrir la Penicilina. Ya expresé esas convicciones mías en las líneas que dediqué al Churro Alegre.
Nuestro sino es una cajita o un cenicero, donde acabaremos todos en plazo más o menos breve, y de lo que se trata es de pasarlo bien mientras no nos alcance el destino, procurar hacer algo útil para los demás y molestar lo menos posible.
No sé vosotros pero a mí me encanta viajar por una Europa a la que conozco mucho menos de lo que me gustaría. Lo único que lamento son esos horarios canallescos comunes a todo el Continente en que la gente se dedica a comer y cenar a horas que son un insulto para la inteligencia. Por eso me gusta viajar acompañado, porque imagínate lo que es llegar a una ciudad francesa o alemana a las siete de la tarde en que todo está más muerto que la momia de Lenin. Como mi escasa fortuna no me permite ir de restaurantes, me compro la comida en supermercados y me la como cuando quiero, es decir, a la hora de Luis. Si no viajas con alguien, a esa hora en que TODO incluido los museos y galerías está cerrado, acabas hablando solo en una esquina, como Mirameba antes de que le aticen su ración de electroshocks.
Se habla últimamente de modificar los horarios españoles para acoplarlos al resto de Europa. Indudablemente, la reforma que se propone es racional y bien intencionada. También era racional y bienintencionada la idea de suprimir las corridas de toros, prohibir el tabaco y los tigretones; es la política de Gedeón "qué bonito sería hacer las ciudades en el campo"; pues en breve convertiremos España en Suiza Bis, San Cugat se llamará Saint-Cucufat-des-Vallées y así ya seremos modernos y chanchipirulis.
Y digo yo, ¿no debiéramos más bien considerar seriamente la posibilidad de españolizar los horarios de Europa? Creo que los europeos serían más felices.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Odiar en nombre de Cristo

El cristianismo degenerado y sus matanzas

El principio de degenaración lo gobierna todo
Todo lo humano consiste en la lucha a muerte -literalmente- contra la degeneración, no sólo la de nuestro organismo que va reconstruyéndose cada día para mantenerse vivo -hasta que ya no puede y colapsa- sino la de nuestras ideas.
Coges una buena idea, una idea santa, y al cabo de un tiempo, degenera. Degeneran los principios, las personas, las amistades y las cosas, mueren los amores, se agota todo lo humano y el hamster, cansado de correr en su rueda, un día ya no abre los ojos.
Por eso las instituciones que atraviesan los siglos tienen algún tipo de símbolo central, de acto fundamental para reconstruir desde dentro el castillo de naipes. Cada día se celebran en el mundo un millón de Misas. A todas horas, el cristiano se acerca a la Santa Mesa, y se renueva. Si no fuera por esa constante renovación, el cristianismo no habría pasado del siglo I.
Los pobres capullos que se obsesionan contra el enemigo externo del Cristianismo se inventan todos los días un coco distinto, antes eran el Moro, los Judíos y los Masones, luego vino el Comunismo, ahora los malos de moda son de nuevo el Islam y el Laicismo feroz, pero, independientemente de que existan -y es cierto que existen- enemigos jurados de la fe y especialmente del catolicismo, los pobres capullos se olvidan de que el enemigo siempre es interno, soy yo, eres tú, son nuestras debilidades.
¿Nunca os ha sorprendido la cantidad de gente -religiosos incluidos- que ha matado en nombre de Cristo? Siempre que paso por la calle Francisco Silvela me cruzo con la pequeña vía dedicada al primer obispo específicamente madrileño, Narciso Martínez Izquierdo, que fue asesinado por un sacerdote. Y cuando me paseo por Guipuzcoa o Navarra recuerdo las hazañas del cura Santa Cruz, aquella famosa bestia que herraba vivos a los prisioneros liberales y los fusilaba sin confesión para "asegurarse de su eterna condena".

El Continente cristiano y sus permanentes guerras
Si aceptamos que las raíces de Europa son cristianas -y quien no lo admita anda bien ciego- debemos aceptar también que los innumerables conflictos del continente algo tendrían de cristianos. Millones han sido degollados en nombre de Iglesias cristianas Únicas y Verdaderas y detrás de muchos conflictos aparentemente laicos subsisten raices religiosas. Ese es el Gran Misterio del cristianismo: cómo han conseguido ponerle a Jesús armaduras medievales o las kalachnikov de los curas guerrilleros.

El fanatismo español
Empecemos por casa, por España, donde tras la expulsión de los moriscos, hace cuatro siglos, costó Dios y ayuda aceptar otras religiones que no fueran la católica, hasta el punto de que la Constitución gaditana, generalmente considerada como liberal, prohibía otra religión que no fuera la de Roma.
Art. 12. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de cualquiera otra.
A pesar de que lentamente se aprobaron leyes que autorizaban la predicación de otras religiones, a los primeros misioneros protestantes los echaban de los pueblos, les quemaban sus biblias o les cantaban aquellos de "Fuera fuera protestantes, fuera fuera de la nación, que queremos ser amantes del Sagrado Corazón". Me enseñó entre carcajadas ese dudoso cántico Guillermo Oncíns, amigo anglicano y masón que iluminaba mis domingos con su buen humor y su profunda fe cristiana.
En cuanto a la relación con religiones no cristianas tenemos la expulsión de los judíos en 1492 -atenuada tras la asunción por Felipe II de la corona portuguesa y agravada tras la pérdida de aquella Corona- y la ya mencionada expulsión de los moriscos.

El fanatismo europeo
La historia de Europa consiste en la lenta construcción de un espacio de libertad en un continente que se caracterizó por el fanatismo religioso. Al contrario de los Estados Unidos, en Europa hemos batido todas las marcas de intolerancia, en especial durante la lucha entre los hijos de Roma y los de la Reforma. El caso español no es ni más ni menos llamativo que lo sucedido en las demás naciones de Europa; resulta incluso más moderado: todas las víctimas de la Inquisición constituyen un minúscula fracción de las matanzas de las Guerras de Religión que asolaron la Cristiandad.
Montaigne en su ensayo sobre los caníbales comparaba favorablemente el canibalismo de los tupinamba brasileños -que al fin y al cabo sólo se comían a los muertos- con las bestialidades que él mismo llegó a conocer en la Francia de las guerras de Religión, durante las cuales se entregaron personas a los cerdos para ser devoradas vivas. Pensemos en la aniquilación de la cultura monástica en toda la Europa protestante, el patrimonio cultural entregado a las llamas, las estatuas rotas o fundidas... Recordemos la Irlanda martirizada por el terror anglicano: los católicos reducidos a la categoría de ciudadanos de segunda, despojados de todo, reducidos a la inanición; un pueblo que había evangelizado a Europa en los siglos obscuros, lo perdió todo.
En el Reino Unido la discriminación oficial de los católicos tuvo que esperar el gobierno de Wellington, en 1829, para desaparecer. En Suiza, la última discriminación anticatólica sólo concluyó en 1973 cuando un referéndum, por 790.799 votos contra 648.959 suprimió los artículos de la Constitución helvética que prohibían las actividades de los jesuitas y la fundación de conventos en aquella república.
Además del eterno conflicto entre las iglesias reformadas y el catolicismo, debemos considerar la obsesión anticatólica de las iglesias ortodoxas -pensemos en el viejo Taras Bulba de Gogol- o las salvajadas rusas en Polonia, en el siglo XVIII. Se conservan grabados de aquella época en que aparecen ahorcados un perro, un judío y un católico y debajo la leyenda: "Son lo mismo".
Hablando de judíos, recordemos que Lutero fue el autor de un ensayo profundamente antijudío, Sobre los judíos y sus mentiras, y que el nazismo no es más que la expresión laica del luterano odio al judío a las órdenes de un católico como Adolfo Hitler.

La religión anticristiana del laicismo radical
La obsesión anticristiana del laicismo revolucionario participa del elemento religioso que se supone que quiere extirpar de raíz, porque religioso y muy fanático es el sometimiento a la Diosa Razón; en otra entrada consideramos la idolatría que se practica en las naciones sometidas a la tiranía marxista, donde se adoran momias y estatuas de los caudillos muertos.
La obsesión anticatólica no es el monopolio de la Francia revolucionaria; la mayor matanza de curas y monjas católicos en el siglo XX fue obra de españoles y en España A Javier Pruszyński, que llegó a ser embajador de la Polonia comunista en los Países Bajos, le llamó la atención la persecución antirreligiosa en la zona republicana y sentenció: “Las principales víctimas de la Revolución francesa fueron los aristócratas y cortesanos; las de la Revolución rusa, los terratenientes y las de la revolución española, los curas”. El fusilamiento del monumento al Corazón de Jesús es algo tan increíble que si no existieran fotografías, nadie se lo tragaría.
Notemos también que el genocidio anticatólico en zona roja tiene un siniestro paralelo en zona nacional donde se asesinó a un pastor protestante como Atilano Coco o se trató de exterminar a los masones, comunistas y demás rojos.
Y es que el enfrentamiento entre rojos y azules no se puede desligar del todo del conflicto entre catolicismo y protestantismo, pero en una versión simétrica negativa: anticatolicismo en los rojos y antiprotestantismo en los azules. Notemos que los rojos que mataban curas, habían recibido el Bautismo y eran, nominalmente, cristianos.

Las luchas entre distintas confesiones protestantes
Añadamos las seculares persecuciones entre los distintos cristianos no-católicos: luteranos contra anabaptistas (el grabado de la izquierda es del clásico menonita Martyrs Mirror) y anglicanos contra puritanos...
Así, a las distintas Inquisiciones católicas se suman las instituciones equivalentes en el mundo protestante como la que permitió a Calvino asesinar a Miguel Servet recurriendo a ese arma de destrucción masiva del pensamiento y la libertad que han sido los tribunales eclesiásticos, y vale la pena recordar que los peregrinos del Mayflower huían de la Inglaterra anglicana.

El suicidio de la cristiandad oriental
Saliendo de Europa, pero no de la Cristiandad, pensemos en las tremendas convulsiones vividas por el imperio bizantino, por la cuestión monofisita o la iconoclastia...
Resulta asombroso comprobar cómo los cristianos se han despanzurrado durante siglos en nombre de un Dios de amor por un filioque allá estas pajas. Cuando uno piensa en la situación de los cristianos en Tierra Santa, se asombra de que todavía tengan ganas de currarse entre ellos como no hace mucho en Belén, el día de Navidad, sacerdotes griegos ortodoxos se dieron de escobazos y bofetadas con sacerdotes cristianos armenios en plena basílica de la Natividad y tuvieron que separarlos los policías israelíes.
Se atribuye al Islam la desaparición de los cristianos de Oriente, simbolizada por esos cuatro minaretes junto a Santa Sofía; es en gran parte cierto, pero nunca Mahoma y sus huestes hubieran podido llegar tan lejos de no estar irremediablemente divididos los propios cristianos en distintas iglesias que se aborrecen con secular profesionalidad.

El caso irlandés
Me diréis con razón que el conflicto religioso intercristiano es una reliquia del pasado. Sí, y no.
En España, sin ir más lejos, la Conferencia Episcopal siempre defendió a los obispos etarras hasta  que por fin, a partir de Rouco, los obispos se pudieron del lado de las víctimas y no de los verdugos. Recordemos que la Conferencia Episcopal, accionista de la COPE, quiso echar a Alfonso Ussía por aquel villancico suyo "En el portal de Belén  / ya no tocan la zambomba / porque un hijo de Setién / dicen que ha puesto una bomba".
El caso irlandés es todavía más espectacular porque allí se ha vivido algo muy parecido a una guerra civil religiosa cuyos rescoldos, todavía tibios, pueden volver a incendiar el Ulster. Hasta hace veinte años Irlanda del Norte era una suerte de Beirut con los asesinos y batasunos del Sinn Fein llamados también "republicanos" de un lado y del otro a la Orden de Orange y los escuadrones de la muerte "unionistas". El Sinn Fein son católicos y los unionistas y orangistas protestantes. Ambos son cristianos y debieran creer en el amor etc.  bla, bla, bla...
Recuerdo entre las innumerables bestialidades aquella singular hazaña que consistió en que unos unionistas (protestantes), trasl apalear al joven Harry McCartan (católico), le clavaron las manos a una valla en un remedo de crucifixión. Y esa bestialidad no es nada al lado de los cientos de personas asesinadas a golpe de bomba, y los miles de apaleados y humillados en nombre de Jesucristo (!).
El árbol del odio sólo produce frutos degenerados como el reverendo Paisley, el pastor protestante que interrumpía a Juan Pablo II en el Parlamento Europeo y lo llamaba "Anticristo". A Paisley, por cierto, la Reina Isabel II, Defensora de la Fe y cabeza de la Iglesia Anglicana,  y el gobierno británico del Sr. Cameron lo han nombrado hace dos meses barón de Bannside (!) El ayatollah Paisley está tan chiflado que recuerda a esos discípulos españoles de monseñor Lefebvre que piensan que Franco es la cuarta persona de la Trinidad o que intentan asesinar al Papa para "salvar el catolicismo".

El odio descentra
Vistos los hechos podríamos preguntarnos por la causa que los impulsa. ¿Cómo se puede vestir a Jesucristo con trabuco y boina roja? ¿Qué clase de patología nos permite degenerar tanto?
Así como el amor y la caridad nos permite centrarnos en nosotros mismos y en la realidad, el odio, esencialmente, descentra. En lugar de examinar mi propia conducta para tratar de ser mejor, me entretengo en aborrecer a otros. En este sentido recuerdo cómo Hulk cuando se enfadaba se convertía en un tío desagradable de color verde...
Mientras la jerarquía católica irlandesa se preocupaba de bendecir a los terroristas del Sinn Fein, se olvidó de la situación de los niños sometidos a abusos. En este sentido la carta del Papa Benito a la Iglesia de Irlanda no tiene sólo la virtud de permitir aflorar la verdad -la verdad es profundamente sanadora- sino que le ha dado a la jerarquía católica la opotunidad de recentrarse, concentrándose en una labor positiva: escuchar a las víctimas y hacer justicia, en lugar de despeñarse en la demencia nacional-religiosa.
En conclusión, si los cristianos hemos convertido a través de los siglos el mensaje de amor de Cristo en pretexto de guerras y matanzas ¿qué cabe esperar de otras creencias cuya visión del amor es el sometimiento y cuyos profetas son ante todo jefes militares?

viernes, 3 de septiembre de 2010

Napoleón no existió, la ciencia lo demuestra


Los debates entre fe y ciencia suelen nacer de la incomprensión de los límites respectivos del conocimiento

¿Necesito a Dios para hacerme el café?
Esta mañana me tomé un café como me gusta, solo, negro y abundante. Puse agua en la cafetera, no la puso Dios. Puse café molido en el filtro, no lo puso Dios. El café salió humeante de su filtro y se derramó en la jarra. No lo puso Dios. Conclusión: Dios es innecesario para hacerme un café.
Eso sí, podría añadir que el café sabía como Dios y que como todas las mañanas di gracias a Dios por todo, incluido por el café.
Leo en la portada del ABC electrónico que Stephen Hawking, el famoso genio inglés, ha descubierto que Dios no figura en ninguna fórmula de la física cuántica, nuclear, subatómica o miramebiana. Efectivamente, el conocimiento de Dios es perfectamente innecesario para explicar cómo se forman las estrellas, al igual que es perfectamente prescindible para explicar cómo me hago el café.

La Ciencia y la cocina
Las fórmulas de los científicos son, básicamente, recetas de cocina; la Ciencia trabaja con los hechos y le gusta aquello que es comprobable y repetible. A veces incluso consiguen una teoría para explicar los hechos. El científico es como al Hannibal Smith del Equipo A, le gusta que los planes salgan bien, y que los huevos fritos no se agarren a la sartén.
¿Por qué saben los científicos que los gases se licuan a medida que desciende la temperatura y vamos alcanzando el cero absoluto? Porque siempre que se ha hecho, es exactamente lo que ha sucedido. Una y otra vez. Que se trate de un gas noble o proletario, si consigues robar energía al gas -es decir, enfriarlo- el gas se licua.
¿Por qué no cocemos un pollo durante tres días a fuego alto ni durante diez minutos a fuego bajo? Porque la experiencia demuestra una y otra vez, siempre, que en el primer caso el pollo se quema y en el segundo se queda crudo. Y nada de ello tiene que ver con Dios.
Epistemológicamente no hay diferencia entre afirmar que los gases se licuan al acercarse al cero absoluto o que un huevo cocido durante más de veinte minutos se pone duro.
A veces las cosas no salen redondas, porque el cocinero soy yo y la elaboración del pollo asado acaba generando explosiones devastadoras y nubes de humo que cubren Madrid y eclipsan el Sol; también ocurren cosas raras si el científico es Mirameba: el pobre Paco usualmente ve unicornios en su habitación o ratones coloraos al otro lado del microscopio. Vamos, no llegaré a decir que Mirameba está chiflado, a pesar de vivir en el sanatorio de Ciempozuleos, pero reconozco que participa de una visión alternativa de la realidad. Incluso esas excepciones a la regla no son en absoluto inexplicables: en mi caso hay una explicación clarísima y es que Dios me concedió diez salchichas de Frankfurt en lugar de dedos.
Pretender la demostración científica de la existencia de Dios es perfectamente inútil: no existe ningún experimento que empiece por pelar gallinas o poner uranio en una probeta y que al final produzca no sé cuántos gramos de Dios a la plancha o a la riojana.
Dios está totalmente ausente de las ecuaciones de la Física y la afirmación de Hawking es absolutamente congruente y no entiendo bien qué clase de debate se quiere abrir ahora.

La Historia y el conocimiento indirecto
La historia de la Creación, la historia del hombre, nuestra historia reciente, no es materia de conocimiento directo. No tengo bolas de cristal para mirar el pasado ni puedo imaginar un experimento para demostrar que Napoleón perdió Waterloo. Usamos el carbono 14 para fechar cosas, con sus limitaciones; nos basamos en testimonios, reconstruimos verdades y hechos a partir del estudio crítico de las fuentes.
El conocimiento que tengo de la batalla de Waterloo o de Napoleón no es el mismo tipo de conocimiento que me dan la Física o el recetario de Arguiñano. Tampoco puedes producir a Napoleón en una probeta, y no significa que no existiera.

¡Napoleón no existió!
En el siglo XIX se quiso empezar a dudar de la existencia de Jesús a partir del estudio comparado de las religiones: la resurrección de Jesús era un mito basado en la de Osiris, etc. Un genio local, el Sr. Jean-Baptiste Pérès (1752-1840), profesor de matemáticas y de física, magistrado y conservador de la biblioteca municipal de la ciudad francesa de Agen, publicó en 1835 un opúsculo famoso que se reeditó más tarde con el subtítulo primero y luego el título De cómo Napoleón nunca existió, en francés Comme quoi Napoléon n'a jamais existé. El enlace es con una versión seis lustros posterior a la primera. Los que sepáis francés, lo disfrutaréis como lo disfrutó en su día Anatole France, un ateo con sentido del humor que cita ese opúsculo en sus obras.
En conclusión, deducir que Napoleón no existió porque no usé a Napoleón para hacerme el café por la mañana, es una chorrada equivalente a pretender que Dios no existe porque no figura en las ecuaciones de la física. A quien le interesen estos temas, le recomiendo escuchar al padre Carreira, físico jesuita que las explica mucho mejor