Vuelvo a ocuparme de mi blog

De paso recupero artículos míos en los desaparecidos portales suite101.net y asturiasliberal.org o artículos borrados de la versión electrónica de abc, preservados por archive.org o por la memoria caché de google.

LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

viernes, 29 de enero de 2010

Quiero adoptar una poltrona

Las peleas en la cúpula del Partido Popular permiten albergar esperanzas de ascenso a los mandos intermedios.

Queridos hermanos en Cristo y herejes adyacentes, sé que algunos de vosotros, ante las peleas del PP madrileño, lejos de entristeceros, os regocijáis infinito.
En verdad, en verdad os digo que las polémicas intestinas atufan mala cosa, porque ya se sabe lo que acarrean los intestinos, pero vosotros, extraviados por la ambición, me contestáis que os huelen a gloria, que toda agonía es promesa de herencia y que la única forma que tenéis de subir se cifra en que los de arriba, como los lemmings, acaben suicidándose en masa.
El enésimo asalto del combate entre Kid Espe y Gallardator resulta aburridísimo. Pero sé que a vosotros os entretiene, pérfidos. No me engañáis: os maliciáis de que si todos los superjefes se aniquilan por ahí arriba, habrá sitio para gente nueva, que los que no cuentan para nada debieran regalar a los galácticos algún tipo de arma letal para que se dieran bien y a gusto, y que no quedara ni uno, sólo nuestros amiguetes y contactos, los que subirían con nosotros para crear una nueva nomenklatura... ¡Es legítimo soñar!
Me confesó ayer un amigo, noble y bueno, pero víctima de nefandos apetitos, que cada vez que ve pelearse al Sanedrín genovés, su culo se agita, le empieza a hablar y a contar cosas; resulta que su culo tiene vocación de poltrona, y que a través del tiempo y del espacio, él adivina que quizá lejos, o quizá muy cerca, le espera la Gran Poltrona de su Culo, la Madre de todas la Poltronas, la que Dios pensó para él antes de todos los tiempos, y al meditar sobre la posible simbiosis entre sus poderosas nalgas y el fino cuero repujado old england, el tío se me pone místico; ayer, comentando lo de Cobo, y ante la perspectiva de un genocidio en las alturas del partido se le iluminó la cara, y llorando me recitó: Mi cargo, las montañas, los euros sonorosos...
Y además de ambicioso, impaciente; el otro día me insistió en su viejo argumento de que las decapitaciones y cargotomías deben ser instantáneas y no prolongarse ad libitum, haciendo sufrir al reo en el corredor de la muerte y decepcionando al personal.
Debierais tomar ejemplo de nuestro Sr. Presidente, hombre cabal y buena persona. Sólo malévolos desinformados podrían llegar a pensar que las peleas del PP producen infinito regocijo y sana alegría en Ferraz y Moncloa. ¡Es mentira! Sé de buena tinta, que cuando llegan a los finos oídos del Sr. Rodríguez las noticias de Madrid, nuestro amado caudillo le reza una jaculatoria a la Virgen de la Paz: "Señora, no saben lo que hacen, ilumínalos" y los encomienda al Corazón de Jesús. También sé, porque he visto fotos, que en esos rezos le acompaña el Sr. Blanco, que contrariamente a una infundada reputación, sólo quiere lo mejor para el PP.
No sé por qué esta  mañana recordé aquellas palabras de Mirameba, que me confesó un día, saliendo del Ateneo, que quería adoptar una poltrona: "Luis, imagínate esa pobres poltronas melancólicas que cantan en las noches de invierno Et maintenant, que vais-je faire, maintenant que tu est partie..., piensa en ese cargo, en esa responsabilidad que nadie asume, en esa nómina solitaria ¿tendrás corazón para abandonarla, estómago para rechazarla? ¡No! ¡Mil veces no! No podemos sustraernos a nuestra obligación moral, nuestro compromiso ético con esos asientos hambrientos y sedientos de culo, esos sueldecitos que nadie gasta, esos euros desperdiciados. Primero hemos de adoptar la poltrona solitaria; y luego como desinteresados padres, tutores y curadores, administrar la nómina correspondiente. No debemos abandonar una poltrona, ¡ella no lo haría!"
Pero algo raro ocurrió esta mañana; tras leer las noticias de Madrid, del Ayuntamiento, de sus pompas y sus obras, al afeitarme noté que me habían salido muchos pelos y que la cuchilla no avanzaba sobre la piel; me creeréis o no, pero se me erizaron hasta las canas, cuando en el espejo vi reflejada la espantosa sonrisa de una hiena.
Luis Español Bouché

domingo, 24 de enero de 2010

El churro alegre


La mayor amenaza sobre España pudiera ser el aburrimiento.

Si alguna vez llegara a tener un duro -posibilidad puramente matemática que Alá nunca ha contemplado- montaría un pedazo de bar/cafetería y la llamaría El Churro Alegre. Sería una cafetería estupenda y sin borrachos, que son muy pesados, oiga; y no me armes bronca, Manolo, o te pongo de patitas en la calle.
Por la mañana serviría calentitos, como llaman a los churros en Sevilla, y porras, y bollos y madalenas que para qué te quiero contar, y océanos de café con leche, café bombón, carajillo y todo lo que haga falta para la felicidad humana; y mis pinchos, como en Donosti, pinchos enormes, de atún, de tortilla, de bacalao, pimientos, panceta y longaniza, ¡pero sin etarra, eh!, y hasta mi cazuelita de chorizos náufragos en un aceite milenario,  como dice Gastón Segura. El aire carecería de oxígeno -elemento muy aburrido que no sirve para nada- así que la atmósfera ambiental consistiría en una mezcla de morcilla sublimada, residuos de mil fritangas, aroma a café y todas las variantes de humo posibles, desde el Faria al Partagás pasando por el Malboro y los Ducados.
Sería el hogar de todos los desarrapados hijos de la gleba, todos los escritores frustrados, todos los fracasados de la vida, que irían a lamerse las heridas del ego a mi cafetería y a soñar... En El Churro Alegre el bedel sueña que es ministro y el pelmazo se imagina que sabe contar chistes...
Sería un bar de verdad en el que poder decir cualquier barbaridad, tosiendo humo, los tíos poniéndose el uniforme machista, hablando mal de las mujeres -“la mejor, colgá”- y subrayando los encantos de ese bombón que nos gusta tanto y -como es lógico, justo y razonable- no nos hace ni caso; las señoras dedicándose a despellejar y poniendo a caldo a sus novios y a sus maridos, ¡y disfrutando de lo lindo, y poniéndose moradas de setas a la plancha y tortilla de jamón! Y habría mucho ruido; no me refiero a las voces y berridos de los horteras sino a ese runrún de españoles hablando alto, que es como se habla en España de toda la vida de Dios y por eso tenemos magníficos cantantes...
Y no habría hilo musical -¡sufre esgae!- sólo una pantalla gigante para los momentos importantes y trascendentales de la vida: un Madrid-Barsa, la final de la Champions y tal.
Qué maravilla poder arreglar el país durante unos minutos degustando un cafetín bien cargado, o una copa coñá, insultar al gobierno y a la oposición, ofrecer a nuestros contertulios soluciones evidentes para la crisis que los grandes expertos mundiales no han sabido ver -omnisciente que es uno- y regodearse pensando que los que mandan son unos descerebrados, perversos y que huelen a pis... El pensamiento de que todos son idiotas, luego yo debo ser listísimo, no sé si es muy maduro, pero consuela cantidad.
Y también tendría a un Cipriano o a una Venancia vendiendo puros, cigarrillos, chicles, sellos, memorias ubs, y productos femeninos para las señoras que se olvidaron de la visita del Nuncio; lo que haga falta para la vida moderna, que en El Churro Alegre no tenemos prejuicios.
Y no te quiero decir los campeonatos de mus ni las locas partidas de dominó con viejos pellejos; todo el barrio me traería a sus abuelos en lugar de tenerlos encerrados acumulando horas y perdiendo el tiempo; y estarían encantados allí, fumando como bestias y con su copita de Campari; y caerían fulminados, felices e intoxicados entre dos sillas. Una buena muerte, si señor, y no las tristezas residenciales ni las torturas hospitalarias. Hasta los adoptaría legalmente. Si dos señores pueden adoptar niños, y suponemos que los tratarán bien ¿por qué una cafetería no va a poder adoptar a un viejo, eh? Y digo viejo, que no mayor, porque en El Churro Alegre, un cartel en la puerta pondría en letras bien gordas “Prohibidos los cursis y el hablar correcto” y los ciegos no serían invidentes, ni los gordos gruesos ni los negros de color...
¡Y qué baños tendría! ¡Como los chorros del oro!
Pero sé que mi sueño no se va a cumplir y que no se trata más que de melancolía por un pasado imaginado más que recordado. Sé que los sicóticos de la Administración, esos que fingen que curran a base de molestar, conseguirían al final tocarme las narices: el inspector de sanidad, el de alimentos hidrogenados, el de la inquisición antitabaco y el observador de libertades liofilizadas. Me pondrían multas y acabarían clausurando el chiringuito, en el supuesto de que me permitieran abrirlo, que lo dudo.
En verdad en verdad os digo, que el mayor problema de España no es el paro, ni el terrorismo, ni la corrupción, ni la desintegración territorial ni todo eso que aparece en la Prensa según las modas; el mayor problema es que nos estamos convirtiendo en un país aburrido. Y eso sí que es grave.
Luis Español Bouché

viernes, 22 de enero de 2010

Zombis contra momias

No es razonable confundir los deseos de renovación interna del Partido Popular con la exigencia de un cambio de modelo constitucional

Una de las razones por las que en España tardan tanto tiempo en cambiar las cosas y somos la patria del concepto de Leyenda Negra son la exageración y el radicalismo con que se expresan los enemigos del statu quo. Y es una pena, porque muchas veces los críticos aciertan en un aspecto de sus diagnósticos, pero el tremendismo los convierte en elementos de risa, en émulos de Fray Gerundio cuyo destino definitivo es la Cacharrería del Ateneo de Madrid, donde todo fracaso tiene su asiento y toda soflama su eco. Esencialmente, las cosas no cambian porque los que hablan de cambios se recrean en un discurso incendiario, perfectamente estéril, que crea más aversión que adhesión. No es ultraderecha ni ultraizquierda, es ultramemez: si quieres intervenir en política, la primera regla que tienes que aceptar es que a la gente normal no le gustan los anormales, y que para llevarte a la cama al público tienes que seducirlo, no espantarlo. Siempre resulta patético ver a señores mayorcitos y vacunados jugar la carta de la provocación infantil: caca, culo pedo, pis… Son versiones castizas de Daniel Cohn-Bendit, encarnación perenne de la impertinencia, al que no le importaría destruir la galaxia para conseguir un escaño.
Hace años que apoyo, y seguiré apoyando, a quienes laboren para democratizar la estructura del PP: le hacen un gran favor al partido y, de rebote, a España. Me gusta la Política con P mayúscula, la de las ideas. Por eso ayer asistí a la presentación de un “Foro del Partido Popular” en el hotel Sanvy, foro que abordaba el tema "Crisis nacional y regeneración del sistema político surgido del pacto de la Transición".
Se habló de todo pero sobre todo se habló demasiado de demasiados temas porque en el fondo aquello era un popurrí de gente muy diversa: los partidarios de la democracia interna, ¡que Alá los bendiga!, y otros señores muy distintos que pretenden modificar España de cabo a rabo y que hoy por hoy son cuatro gatos y España no les hace ni caso porque ni siquiera sabe que existen.
De entrada, los organizadores en su página web nos proponían, para mejorar el partido, cambios constitucionales como acabar con la monarquía, elegir a los fiscales y optar por el régimen provincial en lugar del autonómico. El resultado de ese gazpacho era una sensación de irrealidad. Proponer cambiar España para cambiar el PP es como si para redecorar su boudoir Madame de Pompadour pretendiera arrasar Versalles. Es un concepto neroniano del poder: peguemos fuego a Roma, y así podremos echar a patadas a los gusanos gurtelianos.
Me daba pena que se desperdiciara esa oportunidad porque a lo largo de la farragosa exposición, hubo intervenciones brillantes como la de una diputada del parlamento catalán, Carina Mejías, y entre los asistentes se encontraban gente estupenda cuya trayectoria merece general respeto: políticos que apostaron su futuro a la carta de las elecciones primarias, entendidas como democracia interna, o Jesús Neira, apotegma del valor en todas las acepciones del término.
Me daba pena, también porque entre los organizadores tengo buenos amigos, y por eso les digo lo que pienso, porque amigo es el que te da buen consejo y no el que te anima a lanzarte al vacío.

En general todos los sectores críticos de cualquier tipo de asociación en España son clubs de rebotados; al oso goloso le fastidia que le quiten su jarrita de miel, y llora mucho en los rincones “tengo haaambre, tengoooo sed, sois malooooos, buaaaa”. Qué duda cabe que las estructuras de los partidos en España —y el PP no es ajeno a la regla— se asemejan a la Nueva Guinea del siglo XIX, una isla rodeada de tiburones y poblada de caníbales adeptos al famoso apotegma: de la mar el mero, y de la tierra el misionero. El grado de hijoputez de nuestros Vellidos Golfos hijos de Golfos Vellidos ofrece dimensiones cósmicas. Resulta estremecedor oír a las víctimas de la política con p minúscula relatar su experiencia personal, una historia de traiciones y puñaladas por la espalda con cuchillos cachicuernos.
Pero también es cierto que junto a los corruptos, los sicarios, los miserables correveidiles y clones de Pierre Nodoyuna, en el PP hay gente estupenda que cree en España, en la familia, en la democracia, en la libertad y en el trabajo; gente que espera con ansiedad e ilusión nuevos discursos, una estructuración de la diversidad ideológica de un gran partido en el que se juntan desde franquistas recalcitrantes a liberales y republicanos de derechas, pasando por los democristianos.
La verdad es que la gente que mejor me cae del PP son la base actuante, los chavales ilusionados y los nada jóvenes militantes que embuchan sobres, venden lotería para el partido, hacen de interventores en las elecciones o pegan carteles. Son la mejor gente, gente que se merece líderes limpios, líderes sencillos con ideas claras y creencias firmes que se limiten a pretender gobernar bien, sin estridencias, con justicia e ilusión; es una base siempre disponible, siempre voluntaria y que el partido no se merece.
Resulta ridículo pretender desenterrar cadáveres políticos para enfrentarlos a la embalsamada ejecutiva nacional del PP, no tan embalsamada como se cree, pero si muy calladita. Zombis contra Momias es una película que quizá pueda gustar a los amantes del cine gore, pero a mí personalmente me aburre.
Luis Español Bouché

martes, 19 de enero de 2010

Gregorio Ordóñez, 15 años después

Breve memoria de Gregorio Ordóñez, asesinado hace quince años por la ETA.

Hoy, en Madrid, se va a celebrar, como todos los años, un acto emotivo en memoria de Gregorio Ordóñez. En un parque céntrico, ante un pequeño grupo de amigos, fieles y adheridos, se pronunciarán unas palabras. Más tarde, reunidos en una Iglesia, muchos rezaremos recordando a todas y cada una de las víctimas del terrorismo. El pretexto de ese homenaje es que el 23 de enero de 1995 ETA asesinó a Gregorio Ordóñez. Han pasado ya quince años...

Memoria contra impotencia

Ante la muerte, todo es dolor e impotencia. ¿Qué podemos hacer por una víctima? Ni podemos ni queremos compartir su dolor ni su sufrimiento. ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que nos solidarizamos con una víctima? ¿Nos toca algún fragmento de la bala que acabó con su existencia? ¿Nos cortamos un dedo en honor de quien perdió una pierna? Lo único que podemos hacer respecto de quien lo ha perdido todo, incluso la vida, es mantener viva su memoria, mantener vivo el respeto que nos mereció y nos seguirá mereciendo. Recuerdo aquella memorable sentencia de Séneca, ninguneando a los verdugos de Cremucio Cordo: “nuestras manos y corazones lo reciben; ya no tiene nada que temer del tiempo, y muy pronto se habrá olvidado todo lo de sus verdugos, hasta sus crímenes, que fue lo único que les conquistó fama”. Gran verdad; el tiempo devora las famas prestadas, y a medida que el recuerdo de los verdugos se hunde en la fosa excremencial del olvido, la limpia trayectoria de sus víctimas aparece más brillante y auténtica. El olvido es la expresión definitiva de la muerte; recordando a Gregorio Ordóñez mantenemos vivo el rescoldo de su memoria y hablamos en nombre de quien ya no tiene voz, porque su boca llena de tierra se deshace en el camposanto.
No tuve el honor de conocer a Gregorio Ordóñez, no era uno de sus íntimos, los que le llamaban Goyo; de ahí que me sirva de las frías hemerotecas para estas pinceladas en memoria suya, y quien quiera más detalles puede acudir a la Fundación Gregorio Ordóñez.

Un político precoz

Gregorio Ordóñez fue un político precoz. Con 24 años, en abril de 1983, encabezaba la lista de Alianza Popular para el ayuntamiento donostiarra. El domingo 17 de aquel mes los proetarras irrumpieron en la campaña electoral; se cebaron con la mesita que los peperos habían colocado, como otros partidos, en la plaza del Buen Pastor de San Sebastián, junto a la Catedral. A Gregorio Ordóñez, y a sus compañeros, les pegaron, les rompieron la mesa y les quemaron las octavillas. Democracia a la vasca. Declaraba horas después Gregorio a ABC: “Está demostrado que, al menos en Guipúzcoa, no hay ni libertad ni democracia. Hoy hemos sufrido en nuestro propio cuerpo el fanatismo de ETA y de quienes con ella simpatizan”. A pesar de todo, Gregorio obtuvo su concejalía.
Ordóñez era un tipo raro, en el País Vasco, porque hace falta ser raro para pedir democracia y respeto en aquel sangriento manicomio. Otra de las cosas raras que pedía Gregorio era que ondeara la bandera de todos los españoles en Ajuria Enea… ¡Imperdonable! Ordóñez representaba a esos valientes militantes del PP, que por el hecho de pertenecer a ese partido, por el hecho de ser militantes o candidatos, tenían que superar el miedo, miedo a que les quemaran el coche, a perder el trabajo o la vida… El País Vasco, incluso hoy, no sabe qué es la libertad porque sus calles pertenecen al terror.
En el Ayuntamiento donostiarra fue Gregorio, durante varios años, concejal delegado de Turismo; quería dar del País Vasco y de San Sebastián una imagen distinta, vender el idílico cromo de una tierra apacible entre montes verdes y olas azules, una imagen pura, no mancillada por la lacra terrorista donde los pajaritos hacían pío pío y los bañistas recorrían La Concha a lomos de delfines. El pobre Gregorio incluso montó una "promoción fin de semana" para dar a conocer la capital guipuzcoana. Sí, Gregorio Ordóñez apostaba por un País Vasco amable de pinchos humeantes y Maite yo no te olvido. Pero era inútil, las bestias de ETA aborrecían a Gregorio Ordóñez precisamente más todavía por el amor que el concejal tenía por su Donosti. Para el nazi, el peor judío era el que hablaba alemán y tocaba a Beethoven; para los nazionanistas vascos, el peor maketo es el maketo que tiene simpatía por lo vasco. Es el más peligroso...
En octubre de 1990 el PP consiguió un representante en la cámara autonómica vasca. Era por aquel entonces el PP un partido insignificante en aquellas provincias, apenas el sexto en número de sufragios. Aquel año, Herri Batasuna resultó el partido más votado, con 79.228 votos y el PP consiguió pasar de 13.258 a 21.580 votos. El candidato electo del PP fue Gregorio Ordóñez...
Pasaba el tiempo; ETA seguía matando y mandando mucho, pero la sociedad vasca empezaba a hartarse. Ordóñez y otros héroes modestos del PP iban haciéndose camino en pueblos y villas controladas por los batasunos; en abril de 1991 el PP había multiplicado por dos sus candidaturas, y presentaba listas en fortalezas aberzales como Rentería, Hernani, Pasajes y Usurbil…
Gregorio siempre estuvo del lado de las víctimas. Cuando ETA asesinó al guardia civil Francisco Robles, Gregorio se quejó de las clamorosas ausencias en el funeral. Dijo, “me duele no haber visto en el funeral ni al Ministro del Interior, ni al Consejero del Interior, ni al obispo, ni al alcalde de San Sebastián o alguien de su equipo”. Faltaba mucho, todavía, para que determinada gente aprendiera a ponerse del lado de las víctimas en lugar de buscar justificaciones para los verdugos. Faltaban sólo unos años, también, para que el funeral fuera en honor de Gregorio. El político sabía muy bien qué era ETA, y la definió claramente: “en el País Vasco, resto de España y mundo entero, ETA es un grupo criminal organizado, que sólo busca la extorsión y la destrucción en beneficio propio”.
Gregorio era consciente de que en el País Vasco no existe la libertad. Cuando el secuestro del ingeniero Julio Zamora, Gregorio y su mujer, embarazada, exhibieron lazos azules con la forma de una A (por “Askatu”, libertad en la lengua del terror) y fueron agredidos a puñetazos por simpatizantes aberzales. Poco tiempo después llegó la agresión definitiva.
Era el 23 de enero de 1995, y Gregorio Ordóñez se encontraba en el bar La Cepa, un clásico de San Sebastián, en compañía de cuatro amigos, entre los que se contaba María San Gil. Un etarra se acercó por detrás, y sin mediar palabra le descerrajó a Gregorio un tiro en la cabeza. María San Gil salió corriendo detrás del etarra, inútilmente.
Tras su muerte, el sanedrín episcopal se rasgó las vestiduras, el PNV compró su ración de cebollas, se vertieron lágrimas de cocodrilo, se pronunciaron palabras insentidas, se escribieron artículos más o menos oportunos.
 

De toda aquella farragosa expresión de hipocresía, podría recordar algunos excelentes textos, escritos con la razón y con el corazón... Recuerdo uno particularmente acertado de Jiménez Losantos, que con gran lucidez destacaba la heroica condición de Gregorio Ordóñez, y vale la pena repetir esas palabras, perfecto epitafio para nuestro concejal:
“Nos han matado a un compatriota. Han hecho nacer a un héroe. Los héroes modernos no se hacen en las batallas ni en los campos de fútbol. Un héroe en el País Vasco es el que cada mañana sale de su casa con el miedo al hombro y hace su vida, dice lo que piensa, habla lo que siente y defiende lo que cree justo como si no corriera peligro de muerte, como si por ser libre no corriera peligro de dejar de ser, de morir, al menos, a esta vida. Gregorio Ordóñez ha sido, era y es un héroe contemporáneo […]”
Se puede decir más alto, pero no más claro.
Luis Español Bouché

lunes, 18 de enero de 2010

El verdadero escándalo de Paracuellos

Los muertos no tienen bando ya que sus nietos se despreocupan de la suerte que corrieron sus abuelos

Juan de Mairena acuñó un pareado muy revelador: “La derecha de España, ¡tan mezquina y tacaña!”. Soy enemigo de generalizaciones, pero algo cierto hay en el aforismo machadiano: los mismos que se gastan la hijuela en una boda o en un coche deportivo, antes se comen a sus hijos que soltar un euro en memoria de los muertos, se trate de muertos anónimos o de sus propios muertos, de su propia gente. Así, los que acusan, no sin razón, al Gobierno de politizar la Memoria Histórica, es decir, la memoria de los “otros”, tampoco se preocupan de la memoria de los que identifican como “suyos”.
No vayais a pensar que se trata de un alarde de generosidad, de caridad cristiana, de elogiable inclinación por el perdón. No, en absoluto: se trata de egoísmo puro y duro, que podríamos traducir por "dejemos a los muertos en el hoyo, que todavía quedan muchos bollos".

Los muertos de Paracuellos

Cojamos, por ejemplo, el caso de las matanzas de Paracuellos del Jarama. En el cementerio de dicho pueblo reposan miles de cadáveres de los que fueron sacados de la cárcel y luego asesinados a partir de los primeros días de noviembre de 1936. Algunas de las víctimas de Paracuellos, las menos, son padres, tíos o abuelos de personas hoy día relevantes y que gozan de medios importantes. Pero no parecen tener el menor interés en buscar culpables de la matanza.


Carrillo ¿culpable?

Muchos acusan a Santiago Carrillo de haber tenido un papel relevante en las matanzas pero parecen incapaces de llevar esas acusaciones más allá de una tertulia de bar. Si piensan que, realmente, Carrillo es culpable, ¿por qué no lo han llevado ante los tribunales? Y no me refiero sólo a los tribunales españoles, cuya sensibilidad política ha quedado tan acreditada como desacreditadas sus resoluciones; lo de Paracuellos entra en la tipología del genocidio y por lo tanto puede aplicársele, en tribunales extranjeros, la misma doctrina expuesta una y otra vez por la Audiencia Nacional, que pretende entender de los crímenes de sátrapas chilenos o africanos. Si Carrillo es culpable, y hay fuertes presunciones al respecto, ¿por qué no lo demandan en un tribunal de Bruselas o Nueva York? Los mismos grupos de comunicación como Libertad Digital que se ceban con Carrillo y lo (des)califican como "doctor horroris causa" mueven muchos millones de euros, ¿no pueden gastarse unos pocos miles en contratar un buen abogado? Sería un buen titular: "Un tribunal belga encausa a Santiago Carrillo por la matanza de Paracuellos"; sólo en publicidad cubrirían gastos a los veinte minutos, qué digo, a los veinte segundos...

¿Quién hará justicia a esas víctimas?

Una de dos, o Carrillo es inocente o es culpable. En el primer caso los que lo acusan son unos difamadores; en el segundo caso los que, teniendo motivos, medios e interés legítimo no hacen nada por la memoria de las víctimas, de sus deudos, son, como mínimo, unos mezquinos. En eso consiste el verdadero escándalo de Paracuellos, que quien puede hacer algo, quien tiene recursos y legitimación para actuar, no hace nada.
Si ni Carrillo ni nadie es culpable, habrá que pensar que los miles de muertos de Paracuellos no fueron asesinados, sino que después de atarse ellos mismos de pies y manos supieron ametrallarse y, una vez muertos, enterrarse sin ninguna ayuda, lo cual, me concederéis que no deja de tener cierto mérito... España, tierra fecunda y asombrosa donde tiene su asiento todo milagro...¿Quién iba a decirnos que un día un ministro de Franco iba a unirse al Sr. Carrillo para encarrilar nuestra democracia?
Luis Español Bouché



domingo, 3 de enero de 2010

Cuando los datos ocultan la información


La abundancia de datos no es información; al contrario, los datos pueden ocultar información crucial.


La toma de decisiones adecuadas presupone la capacidad de entresacar del bosque de datos aquellos realmente significativos, los que nos permiten tomar decisiones cruciales en las que nos jugamos dinero o la vida: la cotización de este valor ¿va a subir o va a bajar?; el enemigo, ¿ataca o se retira? La capacidad de generar información consiste, esencialmente, en una capacidad previa para seleccionar y destacar unos datos, dándoles la oportuna interpretación, sin los cuales resulta imposible pretender hacer previsiones.

¿Qué me aporta el ruido?

Una de las funciones de la inteligencia es la selección. No es lo mismo ver que mirar, ni oír que escuchar. De hecho, la Naturaleza nos impone filtros y por eso podemos mantener una conversación en un café a pesar del ruido ambiente. El ruido acaba siendo el conjunto de sonidos que nuestro oído capta pero que no nos aporta nada y que a partir de cierto nivel puede, incluso, llegar a molestar. En cambio la ausencia de ruido sí que puede ser significativa como saben muy bien los padres que no se preocupan cuando oyen jugar y berrear a los chiquillos pero a los que llama la atención un repentino silencio.

La logorrea, contra la información

Un amigo afectado de logorrea me hace el siguiente comentario: “Luis, hay un tío en la calle, que lleva sombrero y una chaqueta a cuadros con una camisa salmón y una corbata azul aunque manchada. Hablé con él porque se parece mucho a un amigo mío valenciano, fíjate, llegué a pensar que era él, pero me dijo que no, que él era natural de Cuenca pero su madre sí era de Valencia, qué casualidad ¿verdad? a lo mejor son parientes y todo, que te conocía bien, que te esperaba, que también fue alumno de los Calasancios donde precisamente estudiaba mi primo Segundo, el que fue novio de Mari Paz, aquella chica, te acuerdas, la de la fiesta de promoción, la que bailó medio desnuda con aquel golfo de Piluso, ese que salía con las dos hermanas Marchán, y ninguna de las dos lo sabía, que no sé qué tienen las guapas que siempre acaban con lo peor de lo peor, ¿a que sí? Y el tío que te digo, que lleva un hacha, está justo al lado de la moto de tu vecino el ingeniero, el que está obsesionado con los centímetros cúbicos que a mí me parece sospechoso, siempre, esa fijación freudiana de los moteros con lo de presumir de moto, qué crios, que siempre quieren tenerla cuanto más gorda mejor, no sé, es como la afición por las pistolas, un complejo que no hace falta ser un genio para deducir lo que implica, ¿verdad?".

Es muy posible que a partir de cierto momento no preste a mi amigo la suficiente atención...
Sin embargo, en la maraña de datos inútiles que me proporciona se esconden algunos con un contenido trascendente y urgente, y se puede reducir el párrafo anterior a una sola línea:
“Luis, hay un tío en la calle que te espera, con un hacha”. Es una información mucho más significativa y que puede serme de cierta utilidad.

Cada vez disponemos de más datos


Quizá uno de los grandes problemas del mundo actual reside en la enorme capacidad de acceso a un mar de datos junto a la reducida habilidad para analizarlos.
Las administraciones nos espían con sus satélites y sus SITEL, nos imponen mil y un formularios; conservan sobre nosotros, sobre cualquiera, ni se sabe cuántos datos de toda índole: cuánto ganamos, lo que estudiamos, en qué trabajamos, nuestros expedientes sanitarios... Pero si no existe detrás una capacidad de análisis, difícilmente podrán realizarse previsiones útiles. Recordemos el tremendo fracaso del 11 de septiembre: la NSA, el FBI y la CIA disponían de multitud de datos pero fueron incapaces de prever el mayor atentado de la historia en el corazón de Nueva York.
Lo mismo sucede en otros ámbitos de la vida, pensemos en los médicos que, literalmente, tienen que tomar decisiones a vida o muerte, que nos afectan, que afectan a los que queremos; ¿de qué les servirían las analíticas, radiografías y resonancias si no supieran interpretarlas rápida y adecuadamente?

Enseñar a seleccionar


De ahí la necesidad de introducir en nuestra enseñanza el arte de la interpretación; hoy la gente joven dispone gracias a Internet y a buscadores como Google de un acceso inimaginable a toda clase de datos pero si no les enseñamos a leer bien, a escudriñar lo esencial y prescindir de lo ocioso y redundante, todos esos datos pueden resultar, como mínimo inútiles, y hasta perjudiciales.