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LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

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sábado, 14 de junio de 2003

Un palacio en la región de las nubes

La Granja posee el palacio más alto de Europa. El poder en España siempre ha buscado las cimas hasta el punto de constituir un imperio vertical.

Lo mejor de Madrid, dicen los sabios, son sus Reales Sitios. Aranjuez, el Escorial y la Granja acumulan historia, belleza y aire puro. Los dos primeros están ya comunicados con la capital por trenes de cercanías. En la provincia de Segovia, La Granja queda un poquito más rezagada, a una hora de coche, pero dentro de poco el AVE pondrá esa joya de Guadarrama a solo veinte minutos de la capital. Pequeña Babilonia serrana con sus jardines colgados del cielo, La Granja revela a quien la busque los secretos de su alquimia: la alquimia del invierno que hace brotar de sus fuentes congeladas cascadas de luz fría y crines de hielo azul; la alquimia, también, de sus crisoles que, todo el año, convierten la arena en vidrio, en cristales famosos por su delicadeza y también en lunas industriales.
Otro de los secretos de La Granja es su altitud. El palacio del Real Sitio de San Ildefonso se encuentra a 1.150 metros. Humboldt subrayaba el hecho de que La Granja se encuentre más alta que la cumbre del Vesubio con estas palabras: "... entre todos los monarcas de Europa, sólo el de España puede gloriarse de tener un palacio en la región de las nubes..."[ Citado por Joaquín Fenández Pérez en Humboldt: el descubrimiento de la naturaleza, Tres Cantos (Madrid), Nivola, 2002, pág. 58] Si la Granja tiene el palacio a mayor altura de Europa, Madrid, con sus 650 metros es la capital más alta del continente... con permiso de Andorra la Vieja (1.000 m.).

Un imperio vertical

No se debe esto a la casualidad. Es que si todos los imperios han procurado extenderse horizontalmente, abarcando mundos y mares, una característica notable y poco subrayada del imperio español fue que a su dimensión horizontal quiso añadir la vertical, conquistando el aire, creando o consolidando ciudades importantes a alturas considerables: Potosí  rondando los 4000 metros, La Paz (3.632 m.), Cuzco (3.350 m.), Quito (2.819 m.) Quezaltenango (2.333 m.), México D.F. (2.207 m.). Sin salir de Europa, ¿qué ciudades pueden competir con nuestros nidos de águila, con Ávila, Soria, Cuenca o la misma Segovia? Solo ciudades alpinas, como Davos o Briançon. Mientras que la talasocracia portuguesa hizo poco caso de las montañas, España se extendió a lo largo de sierras y cordilleras, desde las nieves del Mulhacén hasta las de los Andes. España es hija de Roma y los romanos aprendieron a hacer sus vías por las cumbres de las sierras, para dominar los valles y guardarse de ataques e inundaciones. De su pasado romano la provincia de Segovia no carece precisamente de testimonios: las siete letras de su nombre; el mayor acueducto que subsiste de la antigüedad; y, cruzando Guadarrama, los restos de una vía romana que nos recuerdan todavía el matrimonio de los Césares con las alturas. Esa tradición clásica la recogieron las coronas de Aragón y Castilla: la reconquista no se hizo solo de norte a sur sino también cuesta abajo, de la pobreza de riscos y barrancos a la riqueza de las vegas; del frío al calor. Los peñascos de Sobrarbe y Ribagorza son la cuna de Aragón y Jaca su más antigua capital; de las Asturias de Oviedo se derivan León y Castilla; y los nazaríes de Granada, encastillados detrás de sus nevados, le aguantaron dos siglos de envite a los reyes castellanos. Imperio se deriva de imperium que en un principio no designaba una función regia sino la capacidad de mando. Y para mandar hace falta ver. De ahí que imperios tan ajenos y lejanos como el romano y el azteca coincidieran en su pasión por las águilas. Porque el águila acecha y domina el mundo desde lo alto, las águilas han sido estandarte de legiones, la figura heráldica por excelencia de los emperadores, el símbolo de Zeus y de Júpiter y hasta a San Juan Evangelista lo llamaron el águila de Patmos... Y es que los dioses tienen ojos y su mirada es de arriba abajo, de rey a vasallo, de padre a niño. También la codicia y el deseo se alimentan con los ojos: cuando Zeus desea al hermoso Ganímedes adopta la forma de águila y rapta al garzón de Ida elevándolo hasta el Olimpo, dónde por siempre llenará las copas de los Inmortales. Ver, querer, y querer ver más; cuanto más queremos ver, más rabia produce la línea del horizonte que contiene y limita el campo de la visión. ¿Cómo conseguir alejar las lindes del horizonte, esa cárcel de la mirada? Subiendo. Cuánto más arriba, más lejos veo, más mundo abarco; cuanto más arriba más luminoso el día.

La lucha contra el calor

El imperio de la mirada exige la luz del sol. Y gran parte de la hispanidad vive todavía bajo los cielos luminosos de la Tierra Caliente. Pero, ¿cómo gozar de la luz sin tener que sufrir el calor? La solución de esta difícil ecuación la resolvieron nuestros abuelos con su inmoderado amor por las cumbres. Y es que la altura atesora otro secreto, que es el del frío: cuanto más subimos, más frescos estamos. Así que siendo los dominios de nuestros reyes en su gran mayoría zonas tórridas, el poder buscó las sierras no solo para contemplar y dominar sino para refugiarse del rescoldo estival. Por eso Felipe V buscó consuelo a su melancolía en las alturas de La Granja, un oasis fresco y siempre verde entre las dos Castillas. Por eso, también, si algún imperio ha merecido llamarse Celeste no será el de los chinos, ni el de los mayas o los antiguos babilonios tan aficionados a la astrología. Realmente, son los españoles quienes parecen haber sentido mayor predilección por las tierras altas. Nos gusta el sol, pero también las vistas y buscar el fresco. El horizonte en España suele ser una sierra y en nuestros cielos, generalmente puros y secos, la noche derrama un escándalo de estrellas. La astronomía habla español y los grandes observatorios se encuentran en territorios que son o han sido españoles. Desde el Roque de los Muchachos, en Canarias, hasta las cumbres chilenas, pasando por los telescopios de Arizona y California, parece que allí dónde el hombre quiere robarle sus secretos al universo sólo se conoce la lengua de Cervantes. El español sube hasta las cumbres para dominar la tierra y acercarse al cielo. No construye zigurates ni torres de Babel, se limita a trepar peñas arriba, como Pereda, y cuando no puede subir más, contempla el mundo que domina y se acerca al Dios que lo domina.

La monarquía celeste

En este sentido, el muy francés Felipe V resultó ser muy español en su afición por las alturas. Don Felipe tenía grabadas en la mente las máximas de Bossuet sobre la monarquía: "Dios instaura a los reyes como ministros suyos y reina mediante ellos sobre los pueblos. El trono real no es el trono de un hombre sino el trono del mismo Dios. Es la imagen de Dios que, sentado en su trono, en lo más alto de los cielos, da impulso a toda la Naturaleza." Rey piadoso, sin duda pensó acercarse a lo más alto de los cielos subiendo a La Granja; Rey dominante y absoluto, quiso tener el palacio más alto de Europa, un palacio en la región de las nubes. El que hoy quiera subirse a una nube no lo tiene difícil: la Granja le espera con los brazos abiertos .

Luis Español Bouché
Publicado el 14 de junio de 2003 en El Adelantado de Segovia.

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