Vuelvo a ocuparme de mi blog

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LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

sábado, 12 de diciembre de 2009

El aborto y la estética


El triunfo del abortismo resulta incomprensible si no tenemos en cuenta el factor estético en una sociedad que subordina los valores a la apariencia

El ruido mediático y político acerca de nuevos proyectos abortistas nos impide ver la esencia de la cuestión. El problema del aborto es muy serio porque no se refiere a un enfrentamiento entre sociedad laica y cultura religiosa; se refiere nada más y nada menos que al derecho a matar o no a otro ser humano; un ser humano, que, para más Inri, no es culpable de nada, es totalmente inocente y totalmente vulnerable.

El asunto fue lo suficientemente grave como para provocar la abdicación de Balduino de Bélgica, rey de una monarquía constitucional moderna, al que Juan Pablo II dedicó estas palabras: "Te damos gracias también, Madre de la Gracia divina, por el rey Balduino, por su fe inquebrantable y por el ejemplo de vida que dejó a sus compatriotas y a toda Europa. Te damos gracias por su enérgica defensa de los derechos de Dios y del hombre, y en particular del derecho del niño no nacido a la vida."

Todos fuimos cigoto, embrión y feto

Todos los adultos, fuimos adolescentes, y antes niños. Y antes de nacer, fuimos feto, embrión y cigoto. ¿Cuándo empezamos a ser? Evidentemente, antes de la concepción de aquella célula en la que echó a rodar nuestra existencia, no éramos nada, como mucho, una posibilidad entre trillones de trillones... Y de repente un día, un espermatozoide de un joven y el óvulo de una joven se fundieron. Y surge el principio de alguien, de ti, de mí, de cualquiera de nosotros. Y un día, este corpachón mío, y el tuyo, y el de los que estuvieron antes que nosotros y el de los que vendrán después, desaparecerá por disolución...


A todos nos espera la muerte, y por eso la vida es tan importante, todo lo que soy, todo lo que fui, todo lo que seré o podría llegar a ser está limitado a ese milagro que llamamos vida, a ese empezar y seguir que surge en el momento de la concepción y terminará con seguridad, quizá hoy mismo, quizá dentro de algunas pocas décadas. La vida es un chispazo entre dos misterios, entre dos nadas, quizá.

Que la víctima no sienta, ¿justifica su asesinato?

Hay quien opina que se puede matar al que va a nacer antes de que tenga formado el sistema nervioso. Es decir, que como no se va a enterar, lo podemos matar. Ese argumento es similar al que defienden los partidarios de dejar morir a los que se piensa que no van a salir de un coma profundo. Con la diferencia de que el embrión no está precisamente en coma, no es alguien que ha ido a menos sino alguien que va a ir a más.

Al rey Hamlet, mientras dormía, lo asesinó su hermano Claudio vertiendo veneno en su oído. Si me matan mientras duermo, ¿será menos grave que si me matan despierto? Shakespeare nos dice que no, que al contrario, y nos recuerda que la alevosía es un agravante. El que va a nacer también va a despertar. Con toda seguridad. Es cuestión de tiempo, unos meses como mucho… Va a salir del sueño embrionario y despertar a la realidad y a la vida.

¿Por qué hay abortistas?

No existe absolutamente ninguna razón científica ni ningún argumento ético o moral para considerar que supone matar menos el matar a quien va a ser, a quien ya es y cada día va siendo más. No hay nada más injusto que el aborto, entonces, ¿por qué personas buenas e inteligentes se han incorporado al abortismo y lo justifican? ¿Por qué ha triunfado la aceptación social del aborto que tanto preocupaba a Julián Marías?

Y es que la explicación, que no la justificación, no es de índole ética ni científica ni moral, sino exclusivamente estética.

El feto es feo

“Que se mueran los feos”, decía una divertida canción de los Sirex que inspiró una película venidera, y en el caso del embrión esa es la expresión de la misma realidad. En feto entran todas las letras de feo y para decir de alguien que es muy feo se dice "más feo que un feto malayo". Nunca he entendido, por cierto, lo de malayo.


Quizá la verdadera razón por la que hay gente dispuesta a matar niños en la tripa de sus madres, es porque no tienen forma humana, porque cuando son minúsculos, parecen una mucosidad, una lentejita de carne; porque cuando se desarrollan en forma de embrión, al principio no son distintos del embrión de una rata, un pez o un sapo. La embriología es la ciencia de la diferenciación, lo que aparentemente es idéntico se va poco a poco haciendo distinto, en función de claves misteriosas inscritas en los genes.

La belleza es fuente de empatía

Lo mismo ocurre en la vida corriente cuando muere un niña adorable con sus mejillas sonrosadas y sus caracoles. Todo el vecindario se conmueve y se solidariza. Si la niña muerta es en realidad muy fea, la gente se moviliza menos. Si es deforme, si su cara está quemada y “es un monstruo”, nadie se molestará, salvo sus padres, los que la quieren de verdad, y los bienpensantes sentenciarán “pobrecita, en el fondo, es mejor así”. La belleza, como la fama, genera empatía.

La estética implacable



La estética es una Diosa nazi que no tolera seres inferiores; que se lo digan a todas las jovencitas anoréxicas que se han suicidado lenta y cruelmente, matándose de hambre porque no les gustaba su aspecto; que se lo digan a Cirano, acomplejado por su nariz, el valiente entre los valientes que sin embargo se acobarda ante el amor porque teme no gustar… ¿Cuantos millones de ciranos no habrán renunciado a darse una oportunidad por miedo al fracaso? El culto a la belleza es la más fanática de las religiones, el credo más despiadado. Yo soy yo, y si por desgracia sufriera un accidente que me dejara deforme, desfigurado, seguiría siendo yo, mi mente sería la misma, pero ¿cuál no sería mi desesperación? La belleza es Elena, desencadenando la guerra de Troya; es la condesa Báthory bañándose en sangre de jovencitas para mantener su juventud, es Dorian Gray, desesperado ante la idea de envejecer...

Fetos y embriones no suscitan empatía; no nos atrae nada que sea deforme, y un feto es algo sanguinolento, gelatinoso, algo que da asco. Ese asco, en definitiva, justifica nuestra indiferencia.

Luis Español Bouché

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