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LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

lunes, 15 de febrero de 2010

De la elegibilidad de los chimpancés

Con el vigente sistema de listas cerradas, ¿podríamos llegar a elegir un chimpancé?

Los estudiantes de medicina siempre han sido propensos al cachondeo, porque eso de estudiar a fondo el gran libro de recetas de la Muerte y la Desesperación, acaba pesando sobre el carácter. Participar de una disección humana no tiene ninguna gracia; abrir como si fuera un pollo a un señor o una señora que se llamaba Manolo o Sonsoles, resulta tremendo; los muertos, por poca sensibilidad que tenga uno, siempre dan pena; son lo que queda de una persona, y un amigo mío nunca ha olvidado la primera autopsia de un niño a la que asistió... Algunas experiencias enseñar no sé si enseñarán, pero son prescindibles, ¿no?
Este rollete previo para justificar que los médicos suelen ser gente divertida, fumadora y fornicaria; se divierten todo lo que pueden, cuando les dejan, conjurando a carcajada limpia o mediante terremotos de carne trémula el espanto de la realidad.
No cabe extrañarse, pues, de que a los ocurrentes estudiantes de medicina de la Universidad Complutense se les ocurriera matricular una vaca. La apellidaron Larrubia y la presentaron a distintos exámenes.  Corrían los años ochenta del fenecido siglo, la Universidad estaba todavía más masificada que ahora, las Secretarías de las Facultades eran un desastre y los profesores no se enteraban de quién iba a clase y quién no iba, porque había trescientos alumnos en aulas pensadas para cien y además por cada profesor titular había no se sabe cuántos penenes sustitutos (penene, deriva del bajo latín penenius, "esclavo sin esperanza") que se turnaban para dar clase y se enteraban todavía menos.

Podían haber matriculado a un búho y llevarlo a clase, y nadie se habría dado cuenta de nada; quizá algún penene se habría percatado de que ese estudiante dormía todo el rato pero que cuando abría los ojos, ¡cómo se fijaba, oiga! Lo cierto es que Larrubia llegó a tercero con resultados si no brillantes al menos suficientes, gracias a voluntarias que, habiendo ya aprobado la asignatura, se volvían a presentar y firmaban el examen como Larrubia; en consecuencia, la vaca tuvo su expediente, que no sé si alguien habrá conservado...
Os cuento esto a colación de que como acérrimo defensor de las primarias, la democracia interna y todas esas tonterías que tanto molestan a las estructuras oficiales de nuestros partidos, me ha surgido una duda que no me ha dejado dormir durante las últimas noches: dado el carácter mecánico del sistema de listas cerradas, bloqueadas y golpistas, ¿podríamos, por ejemplo, colocar de candidato a un chimpancé, y que además saliera elegido? No me refiero a los cabeza de lista; normalmente los cabezas de lista, no sabemos si serán muy listos, ni si son grandes cabezas, pero por lo menos tienen lenguaje articulado y estación vertical, y como les hacen entrevistas y realizan declaraciones, por allí no nos pueden colar a Larrubia.
Pero, ¿y en los grados inferiores?  De los lectores de este blog, ¿cuántos conocen a los diputados de su provincia? Insisto: no me refiero al cabeza de lista sino a los que van por debajo, esos que nadie conoce salvo su señorito, el que los colocó, y que vienen a ser una innovación cromática: lo gris más allá de lo gris. Supongamos que uno de los PMGLL (Poderosos que Meten Gente en Las  Listas) algo pasado de copas decide incluir en la candidatura a su gata Chispas, o a su perro Rintintín. ¿Podría hacerlo? ¿Podríamos llegar a ver a la mona Chita o a la cabra del Tercio asistiendo a los debates de alguna compleja comisión en la Carrera de San Jerónimo? Todos tenéis en mente el precedente de Incitatus, el caballo que llegó a cónsul...
Vamos a ver, todos esos que acaban adoptando una poltrona, ¿qué requisitos deben reunir para entrar en las listas? Oficialmente, los papeles que debe presentar un candidato al Congreso en España a la Junta Electoral, son las siguientes:

Fotocopia simple del documento nacional de identidad de cada candidato.

Escrito en papel común firmado por cada candidato en el que el mismo declare bajo juramento no estar sujeto a penas que le inhabiliten, bla, bla, bla [...]  Puede tratarse de un solo escrito firmado por todos los candidatos, o bien de un escrito firmado por cada uno de ellos, bla, bla, bla [...]


Así que os hago partícipes de UNA BUENA NOTICIA (lo pongo en mayúsculas, y en rosa, porque no es habitual);
La noticia es que técnicamente, no es posible que nos pongan de diputado, senador o concejal a un mandril, la tortuga d'Artagnan o un saco de patatas ya que ni los mandriles tienen DNI -a pesar del programa Gran Simio- ni las tortugas saben firmar y en cuanto a los sacos de patatas ni siquiera tienen partida de nacimiento (aunque sí código de barras). Para que el chimpancé fuera aceptado en la lista, debiera alguien firmar por él y falsificar un carné de identidad, es decir, incurrir en delito; y la verdad, es que ir a la cárcel por una tontería no vale la pena; por catorce millones de euros quizá sí, que se lo pregunten a Roldán.
Así que esta noche voy a poder dormir a pierna suelta al pensar en la gran calidad humana de mis representantes, que saben firmar (¡oooh!) y tienen DNI (¡aaaah!). Y espero que vosotros también, después de tomaros la leche con galletas y rezar vuestras oraciones, disfrutéis de la paz espiritual que nos proporciona ese pensamiento consolador. Amén.

6 comentarios:

  1. Parafraseando a Huxley en su célebre contestación:

    "Preferiría mil veces que me representara un honesto simio sin preparación ni estudios, pero al menos con conocimiento de la vida, intuición, instintos y sentido común, que alguno de los semovientes de capacidades ignoradas y moral nebulosa que supuestamente lo hacen"

    Al fin y al cabo, lo harían probablemente mejor y nos saldrían mucho más baratos.

    Casandrín

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  2. Esta reflexión hace emerger preguntas mucho más profundas, terroríficas y trascendentes: dado que quien más o quien menos alguna intervención que otra hemos oido de las de la Carrera de San Jerónimo me pregunto ¿los avances de la ciencia no habrán logrado colarnos algún animal transfigurado en diputado? o aun más allá y oyendo lo que dicen ¿no lo serán todos a la vista de como actúan y lo que dicen? o, mirado de otra forma ¿no seremos nosotros los animales por elegir alguno que otro ejemplar de los que circulan por el hemiciclo? o, finalmente y ahondando en tu razonamiento ¿las listas cerradas no serán un invento de algún descerebrado para introducir dichos animales para representarnos?

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  3. Para que nadie piense que exagero:

    Es sabido que los dignos próceres que dicen representarnos, apenas sirven para algo más que votar en los plenos. Muy pocos de ellos sabe de que vá el asunto, así que el jefe de cada grupo les hace señales con los dedos para que pulsen la tecla del "sí", "no" o "abstención" según proceda.
    Cualquiera que haya leido alguna obra de divulgación científica sobre los chimpancés, sabe que éstos son capaces de tareas mucho más complicadas que saber cual de los tres botones debe de pulsar y cometen menos errores en ellas que los humanos.
    Así que la cuestión se reduce a que el jefe de cada grupo parlamentario lleve un buen manojo de plátanos.
    Todo mucho más barato y eficiente que con el método actual.

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  4. Oye, lo de "Larrubia" ¿es verdad? Más bien me parece otra de las aventuras del Profesor Mirameba. Del resto prefiero no escribir, que hablando de simios no sé yo qué malévolas elucubraciones asaltarían mi mente...

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  5. Pues a mí me contó lo de la Larrubia uno de los fautores de la broma, tomándonos un café... Y el tío sólo miente cuando jugando al mus se da el pase negro, y todavía me engaña, el muy miserable, a pesar de que lo conozco desde antes de que la ETA volara a Carrero, fijateeee...
    Yo nunca cuento mentiras, si necesito hacerlo se las atribuyo a Mirameba, en cuya creación tienes una parte tan importante. Por cierto, que en no recuerdo qué entrada utilizo tu invento de los "vectores deslizantes". ¡Cómo debiste gozar en aquella memorable ocasión! Para que veas que no sólo me enrollo, también sé escuchar e imitar, igualico que los chimpancés. No iba a ser Ana Rosa la única en plagiar, digo...

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  6. Dicen las matemáticas que con el tiempo suficiente, y siempre y cuando el animal viviera eternamente, un chimpancé podría escribir una obra de Shakespeare. O de cualquier otro. Supongo que habría que contar también con que la tinta de la máquina de escribir no se secara con el paso de los milenios, y que las teclas no acabaran desmenuzándose en pequeñas partículas de óxido. Aunque como en estadística todo es posible, puede que el chimpancé acabara escribiendo una novela perfecta de algún conocido autor al segundo intento.

    También podría, pienso yo, y según los principios de la estadística, según la cual nada es imposible, tan solo altamente improbable, un chimpancé podría ser director ejecutivo de cualquier empresa y podría tomar decisiones acertadas. Siempre y cuando la tesoería de la desdichada empresa soportara el tiempo necesario. Pero volviendo al final de mi primera parte de este comentario, puede que, gracias a la estadística, el chimpancé tomara la decisión correcta al segundo intento.

    Así que no veo imposible que haya chimpancés escribiendo libros, dirigiendo empresas o, tal vez, ministreando países.

    Que se lo pregunten a Rub'al'kaaba, por ejemplo, que tiene un aire al monicaco que sale más arriba. Deben tener parientes comunes, tal vez.

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