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lunes, 27 de septiembre de 2010

Teoría del Hijoputa

Hijoputez y envidia son dos de los motores de las realidades sociales

Antes de proseguir con nuestro Seminario de Economía Real ¿Quién se queda con la pasta?, y abordar la Segunda Jornada, conviene aclarar conceptos y como pretendemos dilucidar los verdaderos resortes de la realidad social -y por lo tanto de la Economía- resulta forzoso el estudio miramebiano sobre la envidia y la hijoputez, continuación del hoy perdido Discurso sobre los Medici de Maquiavelo. Y es que,  ¿de qué sirve ser rico si no puedo humillar a otros? Esta pregunta no se la hicieron Ludwig von  Mises ni Maurice Allais; es la primera frase de un estudio secretísimo y judeomasónico custodiado por la Comisión Trilateral, el Club Bildelberg y la Peña Madridista del Liceo Francés: nada menos que la Teoría del Hijoputa de Mirameba; ¿de quién si no?

El sacrificio de un ateneísta
Cuando Mirameba organizó su Comité para el Cambio Horario en las Bárcenas, todavía era un hombre libre, quiero decir que no era huésped de las instalaciones sanitarias de Ciempozuelos. Habiendo nuestro Académico Corresponsable observado que el pollo con patatas le sabía mejor cuando la televisión daba noticias de espantosas hambrunas en Etiopía, Mirameba fue consciente de que algo no andaba bien en su mecanismo interior; le disgustó alegrarse de las desgracias ajenas, se sintió malo, perverso, una mezcla de teórico marxista y ultraliberal; en una palabra, se sintió como se siente cualquier mandatario chino: "Menudo cacho hijoputa soy..." constató el líder del movimiento Pro Independencia de Alcobendas; pero como en el fondo -muy en el fondo- Mirameba es bueno, se arrepintió, y para congraciarse con Yahvé, sacrificó a un ateneísta muy pesado en Valdemoro, que es lo más parecido que puedes encontrar en Madrid al monte Moriah.
De hecho el sacrificio ritual de ateneístas pelmazos fue lo que llevó a Mirameba primero a los calabozos de los juzgados y luego a las celdas acolchadas de Ciempozuelos, aunque también es justo reconocer que le hizo un favor a la Docta Casa y también se lo hizo a sí mismo: durante las horas de asueto que le ofrecían sus forzados encierros, Mirameba confeccionó su famosa Teoría del Hijoputa, que se estudia ahora en todas las Universidades de Fuera de España (UFE), allí donde no se intenta relacionar el Fuero del Baylío con la Guerra Civil ni las Nuevas Corrientes Historiográficas con el Juez Garzón.

Medibilidad de la Envidia y de la Hijoputez
Mirameba intuyó que lo que los cristianos llaman el Mal es una realidad polifacética aunque responda a un fondo común, el albañal de lo maligno; en palabras de San Juan Crisóstomo, "hay muchos gusanos en la gusanera, pero cada uno lleva un collar distinto". ¿Quién se alegra de las desgracias ajenas? Un hijoputa.  La Envidia y la Hijoputez son funciones de lo ajeno, pero la Envidia crea un desvalor mientras que la Hijoputez crea un valor. Me explico:
Envidia: sufro al saber del éxito ajeno
Hijoputez: me alegro de la desgracia ajena.
Luego alcanzaremos mayor felicidad reduciendo nuestra envidia -fuente de infelicidad- y aumentando nuestra hijoputez -fuente de satisfacción- (corolario de Sade).
Por otra parte, si la envidia que yo pueda experimentar me produce insatisfacción, me causará siempre satisfacción saber que los demás me tienen envidia. La demostración de esta proposición es instantánea: el que me tiene envidia es menos feliz, así que si me alegro de la desgracia ajena, me alegraré de que me tengan envidia; en consecuencia la maximización de la hijoputez subsume la máxima envidia ajena, puros néctar y ambrosía para el hijoputa auténtico.

Fórmula del Perfecto Hijoputa
Nota importante: usamos aquí sumas y restas para simplificar, pero en realidad el estudio original de Mirameba utiliza derivaciones, logaritmos, vectores deslizantes y funciones exponenciales que representan el fenómeno con mayor fidelidad. Donde, en las fórmulas, ponemos el símbolo "=" debiéramos poner otros garabatos que no se pueden conseguir en Blogger y que significan "equivale a" o "tiende a" según el caso.
Notación:  Fp = felicidad propia; Ep=envidia propia; Hp= hijoputez propia; Fa = felicidad ajena; Ea = envidia ajena. En esta notación consideraremos que la envidia propia es la envidia que tengo de todos los demás y la envidia ajena es la envidia que todos los demás me tienen.

1) Hipótesis: mi felicidad es función de mi envidia y de mi hijoputez, y alcanza un máximo cuanto mayor es mi hijoputez y menor es mi envidia.
Formulación: Fp es f(Ep,Hp), y

maxFp = maxHp - minEp

2) Por otra parte, y como hemos apuntado:

maxHp = minFa + maxEa

es decir mi función hijoputa alcanza un máximo cuanto más infeliz es el otro y mayor es su envidia. Luego retomando la primera fórmula:

maxFp = maxHp -minEp

es equivalente a

maxFp= minFa + maxEa - minEa.

Resulta obvio que si maximizo Ea entonces minEa  = 0 y, simplificando, obtenemos la Ecuación del Perfecto Hijoputa:

maxFp = minFa + maxEa

Traducción: cuánto más infelices y envidiosos son los demás, más feliz soy yo.

Esta ecuación es realmente sorprendente porque supone que mi felicidad es función directa de algo que, en principio, no me es propio como son la felicidad y la envidia ajenas.
Pero claro, recuerdo al agudo lector que hemos considerado inicialmente que por envidia ajena entiendo la que los demás me tienen a mí y que, en consecuencia, la felicidad y la envidia ajenas no son variables independientes de mí. En este sentido la intuición de Mirameba es de carácter einsteniano. Al igual que el tiempo y el espacio no son independientes, tenemos algo semejante en el caso de las relaciones de envidia e hijoputez: lo propio no es independiente de lo ajeno. De hecho, la envidia supone la existencia de Otro. No puedo tener envidia de mí mismo aunque sí puedo hacerme putadas (autosabotaje, suicidio, etc.).

Validez general
Podríamos pensar que la fórmula miramebiana sólo es exacta en el supuesto de que dos sujetos A y B fueran los únicos habitantes del planeta Tierra. A sólo podría tener envidia de B y viceversa. Pero, ¿qué ocurrirá cuando consideremos más individuos? Y es que el inteligentísimo lector intuirá que amén de la envidia que me tienen a mí, los demás pueden tenerle envidia a otros. Ahora bien, si tenemos tres sujetos A, B y C, ¿aumenta la felicidad de A el que B tenga envidia de C? Rotundamente: . ¿Por qué? Porque la felicidad de A aumenta en función de la infelicidad de B y como la envidia que B le tiene a C disminuye la felicidad de B, entonces aumenta la felicidad de A. Luego la fórmula miramebiana conserva esencialmente su validez en el caso de tres individuos. Por inducción se demostrará que lo que es cierto para 2 o 3 individuos también será cierto para n superior a 3.
La Teoría del Hijoputa no es en sí misma ninguna lección pero nos abre perspectivas insospechadas hasta ahora sobre el Valor Ofensivo del Dinero, objeto de la segunda jornada de nuestro Seminario.

11 comentarios:

  1. Luis, empiezo a sospechar que tú y Mirameba formáis un mismo ser, que Mirameba es tu otro yo más esquizoide. Por otro lado, me parece asombroso tu análisis. Es cierto, alegrarse del mal ajeno no es lo mismo que lamentar la felicidad de otro. Realidades simétricas pero no paralelas.
    Carmen R.

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  2. ¿Cómo te arreglas, mi admirado tocayo, para dar siempre en el blanco?
    Me da un poco de rubor hablar de mi "sana envidia"...( perdón por el oxímoron oportunista...pero me lo pusiste "a huevo")
    La palabra Envidia debería escribirse así, con mayúscula, en nuestro amado país, ya que no es un sustantivo común, sino própio(ontológico) entre los españoles. En ninguno de los lugares a los que he viajado me he tropezado nunca con ese rasgo tan carácteristico de "lo español", como condición esencial de su carácter.
    Y eso me ha llevado frecuentemente a preguntarme sobre la naturaleza profunda de esa pasión.
    Esa reflexión me condujo, a su vez, a una conclusión extrañamente paradógica : se envidia aquello que se ambiciona y nos es inalcanzable.
    Luego, SE AMA, se desea, lo que se envidia. Y la pulsión irrestible hacia su aniquilación, no es más que una proyección simbólica de algo mucho más grave.
    No odiamos lo que envidiamos, ya que lo amamos, nos odiamos a nosotros mismos porque no podemos evitar AMARLO. Y al no poder soportar la frustación de no conseguirlo, trataremos de destruirlo, de hacerlo desaparecer, y con él un deseo intolerablemente "indeseable".
    Por otra parte, la satisfacción que nos produce la envidia ajena, tal vez sea más sencillo de explicar, creo yo.
    Seguramente es la verificación de nuestro poder. Nadie manda hasta que otro no asume los modelos que propone. Y, naturalmente, una vez que tiene seguidores, ya se preocupa él de que esos modelos sean anhelos inalcanzables para los demás.
    Claro. Al ser inaccesibles, se convertirá en el objeto de su envidia, si dejar por eso de seguirle servilmente.
    Así el seguidor, el súbdito, amará y odiará a su señor en una compleja y contradictoria amalgama emocional.
    Sobre las ánsias de poder y su relación con la auroestima supongo que nos ilustrarás cualquier día de estos, en una de tus inestimables Aulas.

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  3. Querido Saco: estoy de acuerdo contigo. Solo se ama lo que se envidia y no se posee. Así, si el Amor desea la belleza es porque la envidia y no la tiene. Por tanto, si el Amor es feo, ¿es deseable ser amoroso? ¡No!¡Seamos hijoputas para ser mas bellos!. La conclusión correcta de esta perorata es que no debe uno leerse el banquete Συμπόσιον, de mi amigo Platón tras una fabada, aunque podemos venderle la idea a Umberto Eco; tras el elogio de la fealdad, a lo mejor conseguimos que escriba el elogio de la hijoputez. Por cierto, mientras escribias el articulo ¿en quién pensabas? porque se me ocurre un nombre en concreto...

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  4. Creo que la notable teoría de Mirameba se la deberías hacer llegar a ZP para que la utilice en su próximo discurso junto a la tierra que le pertenece al viento.

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  5. Pericles, además de tener un siglo própio tienes razón...

    ES ÉL...!

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  6. ¡Ya decía mi abuela!:
    "Si la envidia fuera tiña, cuantos tiñosos habría!"
    Qué gran verdad, Luis.
    Ladyfun

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  7. Estoy deseando que llegue la segunda jornada de tanta revelación junta, sobre el comportamiento oculto del ser humano, ¡¡¡Manifiestate Luis!!!!
    ¡¡¡Danos más de esto!!!

    E.V.

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  8. Pues yo, querido Luis, tengo otra teoría que engloba la tuya.

    Mi hijoputez está directamente relacionada con el concepto de mí mismo. Me explico:

    Si el concepto de mí mismo es el de la mejor persona, la irrepetible, buena, irreprochable, sensata y repleta de razón en todo, tendré al resto de lo simios por despreciables copias integrantes de un rebaño mas bien infecto, feos, malos, insensatos, dementes, y por tanto, despreciables, algunos mas que otros, pero todos abyectos. (En esto se basa el odio en una guerra civil, primero se priva de dignidad al enemigo y se ensalza uno mismo por contraste, de otro modo, no hay quien mate).

    No podré consentir que ocurra cierto bien a algún prójimo, porque tengo mas merecimiento que cualquiera, de ahí la envidia. Además me importa un comino el mal del prójimo y en todo caso disfrutaré causándolo o contemplándolo, pues quien padece está abatido y eso alienta y confirma mi sensación de grandeza.

    Tendré derecho a realizar todo tipo de maltrato a los prójimos, aborrecibles seres, sin dignidad ni valor (justo hasta donde corra serio riesgo de ser castigado y por puro egoísmo), pues por ley natural y eterna, tengo derecho a ello, por ser superior.

    Así que, querido Luis, es la Ley de la Necesidad: la envidia y la hijoputez, dependen de la dimensión subjetiva del yo. A mayor Yo subjetivo, mayor hijoputez, por necesidad.

    La Ley Necesaria sería la siguiente: Mi hijoputez (Hp) es proporcional al valor que otorgo a mi grandeza y superioridad (Gs). K es la constante de proporción. Hp=K. Gs.

    Según esta Ley, no hay nada como averiguar el concepto que de sí mismo tiene un prójimo, para conocer, lo que de él puedes esperar.

    Como diría mi querido Pericles, γνωθι σεαυτόν, o Cicerón y Séneca, nosce te ipsum, conócete a ti mismo, y es que no hay nada como retroceder un par de milenios para avanzar en las claves de la virtud, y sacudirse la necedad de la hijoputez.

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  9. Os voy a hacer una confesión pública -que no púbica- y es que la única razón por la que sigo con esta tontería de blog es la de poder leer vuestros comentarios. ¡Sois unos genios! Gracias a todos. Luis

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  10. Luis,

    En termes moins scientifiques mais plus châtiés, Alexis de Tocqueville (1805-1859) ne disait pas autre chose.

    La thèse centrale de "L'Ancien Régime et la Révolution" décrit comment les nobles délaissent leurs responsabilités au profits des fonctionnaires recrutés dans le Tiers Etat.

    La Révolution française aura donc été l'ajustement de l'état politique à l'état social.

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  11. Me ha encantado tu post, y también el comentario de J.L.
    Tengo dos "conocidas", y me ha dado cuenta de que a una le corroe la envidia y la otra ejercie magistralmente la hijoputez, aunque las dos tienen de todo. Y está claro que tienen un alto concepto de si mismas, y muy bajo del resto.
    Gracias por hacerme ver la diferencia.

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