Vuelvo a ocuparme de mi blog

De paso recupero artículos míos en los desaparecidos portales suite101.net y asturiasliberal.org o artículos borrados de la versión electrónica de abc, preservados por archive.org o por la memoria caché de google.

LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

"Mais on ne se bat pas dans l'espoir du succès ! Non, non c'est bien plus beau lorsque c'est inutile ! "

lunes, 6 de junio de 2011

Torrente historiador

España ha vivido en las últimas etapas y más todavía durante el demenciato una intensa inmersión en la vulgaridad. Cuando me hablan del señorío español y de sus históricas modalidades -el recio pero noble señorío castellano, el seny catalán y otras elegantes ilusiones, caídas ya, hace demasiado tiempo, del árbol del corazón, siempre contesto que "El señorío caducó con la televisión".
Porque hoy día el hablar grosero y decir tacos es una especie de deporte nacional liderado por esa perversa máquina que vomita en el salón de nuestra casa toda la fealdad del mundo, ya sea nacional o de importación. Por cierto, las series españoles son inexportables; en Hispanoamérica -nuestro mercado natural- no pueden soportar la vulgaridad de nuestros guiones.

El abismo educativo entre dos Españas
 Consecuencia de la nefasta dejadez en los colegios y de la conspiración televisiva para lobotomizarnos a todos, es que el abismo entre las personas educadas y los horteras es cada día mayor. Y eso no lo arregla ninguna revolución, ni liberal, ni socialista ni de las JONS. El que dice palabrotas se autoexcluye de determinados ambientes donde no se estila el hablar grueso. Hay jóvenes y viejos de muy distintas extracciones -unos pobres y otros ricos- que no dicen jamás tacos porque no necesitan ensuciarse la boca ni humillar la lengua para expresar lo que sienten. El profundo abismo que separa al hortera de la gente educada es particularmente cruel porque hay quien por culpa de padres y profesores ineptos se verá toda la vida al margen de gratas compañías exclusivamente porque no le enseñaron modales a tiempo ni le subrayaron a base de pedagógicos azotes y tirones de orejas el undécimo mandamiento, tan importante como los otros diez, que se reduce a dos palabras: "No molestar".

Torrente, arquetipo de la ordinariez
Signo de los tiempos que vivimos es el gran éxito de las películas de Torrente, personaje que no tiene modelo en la realidad porque nadie puede ser al mismo tiempo tan zafio, estúpido y cobarde. Se supone que Torrente es franquista, del Atleti, ex-policía, patriota español y admirador del Fari. Yo ni soy franquista ni del Atleti pero tengo mucha simpatía por el Fari -me hacía gracia su gitana vitalidad-, por España  y por la policía -carca que es uno, que le vamos a hacer- y maldita la gracia que me hace Torrente. Eso sí, como caricatura, hay que reconocer que Torrente es un hallazgo; sus rasgos recuerdan a esos patrioteros -que no patriotas- que ni tienen hijos ni trabajan, ni pagan impuestos pero creen que amar a la patria consiste en manifestarse como xenófobo y racista, mira tú qué bien. Torrente, como es lógico en un personaje de su calaña, odia a los franceses y a los ingleses. En Misión en Marbella, Torrente lanza un cohete sobre Gibraltar "Gibraltar español, o pa nadie" y cuando ve que el cohete funciona se lamenta "si llego a saber que funciona, lo apunto pa Francia". Nuestro patrioterismo es así de cutre; nos falta talento para inventar cuentos tan divertidos y entretenidos como La Bruja Novata así que preferimos recurrir a la estética de albañal y a la provocación de niños de cinco años repitiendo como conjuros caca, culo, pedo, pis.

Un artículo de Pérez Reverte
No sé por qué he pensado en Torrente al leer un artículo reciente de don Arturo Pérez Reverte, publicado en el semanario XL y que podéis leer en línea aquí.
Confiesa el autor de El maestro de esgrima, que le gusta de vez en cuando disfrutar "como gorrino en bancal de zanahorias". La verdad es que me divierte mucho la idea de ver a don Arturo todo rosa y hermoso, con un rabo a lo Buendía, come que te come zanahorias... La imagen no me cuadra bien con la idea que tenía del escritor, de rostro amable y barbado, pero a todos nos puede dar el siroco. El artículo en cuestión no hace mucho por la fama de su autor. Reproduzco -espero que la SGAE no me mande fustigar con látigos avinagrados- algunas líneas significativas:

Hace tiempo que no cuento una de esas historias de navegaciones y batallitas que me gusta recordar de vez en cuando. También llevo años sin mentarle la madre a la pérfida Albión; que, como saben los veteranos de esta página, siempre fue mi enemiga histórica favorita. Si como lector disfruto con los libros que cuentan episodios navales o terrestres, disfruto mucho más cuando quienes palman son ingleses. Como español -cada cual nace donde puede, no donde quiere- estoy harto de que todos los historiadores y novelistas británicos, barriendo para casa, describan a los marinos y soldados de aquí como chusma incompetente y cobarde que olía a ajo. Por eso, cuando tengo ocasión de recordar algún lance donde a los súbditos de Su Graciosa les rompieran los cuernos, disfruto como gorrino en bancal de zanahorias. A otros les gusta el fútbol.

Hombre, ese tipo de declaraciones, en un bar comiendo una ración de oreja a la plancha y con dos vinos, está bien. Yo las he soltado -y espero soltarlas- peores y muchísimo más gordas. Pero publicarlas, así, de sopetón, en el mejor y más leído semanario de España que es el XL no es una buena idea. Me imagino las rasgaduras de vestiduras de nuestros fariseos rojigualdas si un autor inglés escribiera, hoy, en el Times o en el Guardian que disfruta mucho con historias en las que los que mueren son españoles. Ya veo la reacción: "¡La Leyenda Negra! ¡Nos odian! ¡Nos despresian! ¿Por qué no nos quieren, señor?"

Charles Esdaile
Pero bueno, nadie me obliga a leer al Sr. Pérez Reverte, ni la revista XL; con no comprar ABC los domingos se ahorra uno muchos disgustos. Lo que sí me ha molestado es que el Sr. Pérez Reverte, en su agresiva logorrea, maltrate a un distinguido hispanista como Charles Esdaile, al tratar de una cruenta batalla de la Guerra de Independencia de la que sin duda sabrán mucho los especialistas pero lo que es un servidor, ni papa, oiga. Y entre esos especialistas se encuentra el Sr. Esdaile que para eso lleva décadas buceando y fisgando en los archivos para reconstruir aspectos de nuestra historia, archivos donde suponemos que el Sr. Pérez Reverte -que nos perdone si nos equivocamos- nunca ha puesto ni pondrá los pies. El Sr. Esdaile no escribe artículos incendiarios sino libros gordos con montoooones de notas al pie que es como escriben los historiadores. Hay otros especialistas sobre la Guerra de Independencia que, como el Sr. Esdaile, se han tirado años de su vida entre papeles y documentación original. Y naturalmente tienen esos señores todo el derecho del mundo a discutir los trabajos del Sr. Esdaile. Esos especialistas, y no el Sr. Pérez Reverte, pueden y deben criticar y autocriticarse, que precisamente el Conocimiento no nace de una divertida charla en El Churro Alegre sino de la exposición serena de los datos. En las ciencias históricas no hay ganadores ni perdedores, hay sencillamente datos, acreditados o no, y opiniones, justificadas o no, y tan importante es demostrar que una teoría es acertada como falsa, porque no se trata de ganar premios a la testosterona sino de desentrañar la esquiva y evanescente verdad.

La ignorancia es osada
España disfruta de magníficos historiadores foráneos o forasteros que a veces mantienen enfoques diametralmente opuestos pero se han ganado el respeto de la comunidad científica. Yo no le enmendaría la plana a Ozanam sobre el reinado de Fernando VI, ni a Diego Tello sobre Ricardo Wall, ni a Agustín Rodríguez sobre la historia de la marina española, ni a Fernando Puell sobre la historia social del Ejército, ni a Juan Pando sobre tantos temas en los que ha sido pionero, ni a Gibson sobre el asesinato de Calvo Sotelo o Paracuellos. Son los maestros, los primeros de la clase, los que saben. A Dios gracias, hay lugar para la excelencia en este mundo. Y para llevarles la contraria a esos señores, hay que atarse los machos y dedicar unos veinte años de la vida a los temas que han estudiado entre legajos polvorientos.
Stanley Payne y Paul Preston tienen ideas muy distintas sobre la Segunda República, pero ambos se han ganado el derecho a hablar ante sus colegas porque ambos han publicado, como Esdaile, libros gordos con muchas notas. Entonces, ¿a qué viene la diatriba de un gran escritor y periodista contra un distinguido investigador que, además, tiene una visión de la Guerra de Independencia renovadora?
Lo más lamentable del asunto es que el bueno de Pérez Reverte estoy seguro de que no sabe nada de Charles Esdaile, y que si se conocieran serían los mejores amigos del mundo, saldrían de copas por Madrid y acabarían cruzando la espada en alguna de esas divertidas batallas en las que participa el británico historiador, pero ya se sabe, Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.

Una opínión de Julián Juderías sobre los hispanistas
Supongo que ni siquiera Pérez Reverte en un momento de máxima exaltación se atreverá a despreciar la grandeza de Julián Juderías, inventor de la imagología y padre de una obra mil veces plagiada como La Leyenda Negra. Pues el discurso de ingreso de Julián Juderías en la Real Academia de la Historia fue un canto de amor a todos esos hispanistas que, como el Sr. Esdaile, en lugar de dedicarse a otros oficios más rentables como banquero, proxeneta o sexador de pollos, han elegido la rara vocación de estudiar España y los españoles. Vale la pena recordar algunas líneas:

¿No estamos en lo cierto afirmando que nuestra Historia la han escrito los extranjeros y que a duras penas se hallaría en nuestras bibliotecas libros nacionales que tratasen, no de todos, sino de algunos de los temas estudiados por los autores que acabamos de enumerar? Y si de los dominios de la Historia propiamente dicha pasamos a los de la literatura y del arte, comprobaremos que han sido los extranjeros quienes han escrito la Historia de nuestras letras, los que han analizado las obras de nuestros autores más famosos, que a ellos se debe no poca parte de la celebridad indiscutible de que gozan algunos de nuestros clásicos, y que también nos es forzoso acudir a sus obras para darnos cuenta cabal de la influencia que ejercieron sobre el mundo en los dominios del espíritu.

9 comentarios:

  1. Pues lamento disentir Luis, puede que las formas no sean las mejores (en eso sí que te doy la razón) pero si analizas el Articulo de Perez-Reverte verás que defiende a un historiador español José Manuel Guerrero Acosta y a sus conclusiones frente a Charles Esdaile, Perez-Reverte no pretende erigirse en historiador.

    José Manuel Guerrero Acosta investigando en archivos ha descubierto determinados hechos sucedidos en la batalla de la Albuera, que fueron distorsionados por los ingleses para dejar en buen lugar a sus tropas en detrimento de las españolas, cosa que por cierto hicieron durante toda la guerra (cosa que siempre han hecho, como en la batalla de Almansa el 25 de Abril de 1707 donde acusaron a los portugueses de causar la derrota por huir del campo de batalla cuando en realidad los tercios portugueses fueron aniquilados en su puesto cubriendo la retirada de sus aliados anglo-holandeses)

    Añado que el hecho de escribir libros gordos con muchas citas y el haber consultado muchos archivos no te convierte en modo alguno en objetivo, siemplemente puedes argumentar mejor, eso es todo...Y en cualquier caso un historiador nunca es objetivo ya que los hechos son presentados bajo su punto de vista, cuando otra persona que tambien sea conocedora de los mismos puede sacar otros puntos de vista totalmente diferentes...

    El hecho es que en este pais simpre prestamos mas atención a lo que tengan que decirnos historiadores extranjeros que los propios historiadores militares españoles, los cuales pueden considerarse muy afortuandos de encontrar editorial y lectores (me gustaria saber cuanta atención prestarian los anglosajones a un historiador español que pretendiera escribir sobre su historia) y cierto conocimiento tengo del asunto ya que yo fui miembro de una Asociacion de investigación de historia militar española (1492-1815) que editaba una revista que se llamaba "Resarching & Dragona".

    Respecto a la pólemica con Kamen fue este último quíen la comenzó atacando públicamente una obra literaria de Perez-Reverte llamada Trafalgar (que no es mas que una ficción literaria). Añado que yo personalmente (y mas gente conocedora de la historia de este país) considero la obra de Kamen muy tendenciosa y que retuerce los hechos diciendo medias verdades y ocultando otros hechos de gran importancia para desprestigiar de una forma muy sutil el pasado español (esto es muy británico y eso que el señor en cuestión es birmano pero supongo que será el "sindrome de Estocolmo").

    Para concluir añado que yo no recuerdo que Perez-Reverte, critique a gente como Geofrey Parker o J.H. Elliot historiadores e hispanistas serios, muy rigurosos en sus trabajos.

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  2. Me adhiero completamente al comentario anterior, pero lo respondo en correo personal, porque es largo y tendido.
    Y me doy por aludido personalmente con lo de Kamen, quien dijo en un medio también muy público que no se había escrito en España ninguna obra histórica sobre Trafalgar en el pasado bicentenario.
    Solo le respondió, haciendo manifiesto su tendencioso error, el mismo APR.
    Creo que te has equivocado, y te equivocas aún más al sacar a relucir a Torrente y demás personajes.

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  3. Queridos amigos y comentaristas, que el Sr. Pérez Reverte utilice a un historiador español para justificar su declaración de anglofobia, no es hacerle un favor al historiador español, ni a la Historia. Observaréis que no he entrado en una sola línea acerca de la batalla de no sé donde, ni que me importa lo más mínimo. La zafiedad nunca se justifica y que se respalde en la autoridad ajena no es de recibo. Historiadores tan serios y prestigiosos como el citado Agustín Rodríguez llevan años desmontando falacias de la historiografía -tanto la británica como la española- y no se dedican a PUBLICAR que cuantos más ingleses muertos, mejor. No quiero ni imaginar lo que pensaríais si os dijeran que un periodista inglés ha publicado en una revista de la tirada de XL que se alegra mucho cuantos más españoles mueren. El tono del artículo es inadmisible. Lo que hagan y digan unos señores en un Congreso de especialistas me parece estupendo. Y que un historiador inglés se levante airado para decir "no estoy de acuerdo", habla bien de él. Ya nos gustaría ver a otros historiadores españoles hacer lo mismo en las mismas circunstancias. Las discusiones académicas, al ámbito académico. Vivo muy feliz ignorando los argumentos del Sr. Guerrero y me traen sin cuidado los que tenga Esdaile; lo que sé, en cambio, es que el artículo del Sr. Pérez Reverte no es digno de un escritor de su categoría.

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  4. Querido e ilustre Luis: a veces a la gente se le mueven los cimientos de sus criterios, se dejan llevar por una confusión que les favorece y les evita mirar las cosas un poco mejor. Ese señor no tiene mayor idea de nada, de acuerdo a mis pocos fundamentos y no me gusta nada como escribe, siendo que para mí podría podar el 60% de sus textos y cambiar otro 60% y a lo mejor encontraría un camino hacia lo más o menos literario. Imagínate que siendo así las cosas y teniendo un puesto en la Academia, es un poco dificil esperar milagros como ese y menos aún,que perciba que, como tú dices, se le ha ido "un poco" -demasiado generoso- la mano.

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  5. Pues sí que me parece importante el que nuestro pasado se estudie con seriedad, profesionalidad y falta de prejuicios.
    Y Esdaile no lo hace así, pese a que lo crean muchos.
    De APR ya sabemos todos de cuantos y cuales pies cojea.
    Lo digno de comentarse sería el valor de la obra de Esdaile, no el articulito que con mayor o menor gracia y oportunidad, levanta la liebre de un historiador muy discutible en muchos aspectos.

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  6. Querido Luis,

    ¿La televisión? ¿y qué hay de Quevedo y Góngora? El insulto (con fundamento) es un arma del idioma español a la que no se puede renunciar por ciertos amaneramientos victorianos de salón importados por cuatro gatos cuya compañía, aunque a veces pueda ser tan agradable como la pintas, las más es una insípida y beata ingenuidad.

    Y las series españolas se ven mucho en hispanoamérica e incluso Rusia, al menos las de cuando Farmacia de guardia.

    Yo declararía a la blasfemia española patrimonio de la humanidad.

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  7. ¡Taaaa-tati-tati-tati-tata...! ¡Tiens le coup mon brave! ¡Le 7th Cavalry arrive!

    A veces me quedo maravillado ante esa especie de bucle temporal que los españoles introducimos en nuestras vidas, y que consiste en adoptar hoy ¡en 2011! actitudes que yo recuerdo asociadas a mi adolescencia. Hace de eso más de cincuenta años. Deben ser rasgos pasionales enraízados en lo más profundo de nuestra naturaleza endocrina. ¡Hay que ver!

    Ese español hipercrítico con sus conciudadanos; fustigador de nuestras más características carencias de todo orden; dibujante de una rara precisión, a la hora de contornear nuestro más picudo perfil, monta en sagrada cólera en cuanto esas seculares imperfecciones son ligeramente esbozadas desde la perspectiva de un "guiri" (¡ojito con el término!).

    APR es un tipo que me cae bien. Incluso muy bien. Coincido plenamente con sus opiniones, y su lenguaje me parece muy adecuado para describir esas cosas tan "españolas" que simboliza mejor que nadie esa caricatura (¿lo es realmente?) de Torrente.

    No tengo ni idea del pie del cojea el novelista, o el periodista, pero, en el panorama que me circunda, la colección de tarados o de "freaks", que diría Esdaile, que componen la nómina actual de emborronadores de cuartillas, no me deja tiempo para averiguarlo.

    Pero esta vez me parece, sin que sirva de precedente, que mi admirado APR "s'ha pasao". Lo pensé al leer el artículo. "¿Kaì sú téknon?" como le preguntaba Cesar a Bruto, según Suetonio.

    No es la primera vez que alguien a quien respeto especialmente presenta esa paradoja (somos el reino del oxímoron), y además suele hacerlo con un acento de sincera irritación. Como si la cosa afectase a algún registro verdaderamente esencial de su más íntima condición.

    Yo, con aquí mí primo y tocayo Luis, declaro que una actitud de esa especie denota un pelaje patriotero, emparentado con el de aquel compañero de la mili que despotricaba como un poseído de su hermano, pero que le tenía jurado partirle la cara a cualquier cristiano que osase hacerle el coro.

    Y.. lamentándolo mucho, y sin ánimo de ofender, la serie de comentarios de más arriba, gobalmente considerados, denotan la abundancia de ese sentimiento entre este público que tanto te quiere.

    Dicho queda. Y si hay que armarla... se arma.

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  8. ¡Gracias, gracias, Saco! Estaba tan solito como mi neurona en el cerebro...

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  9. Saludos,

    Respecto a las críticas - carentes de base- de APR contra el historiador británico Charles J. Esdaile, servidor escribió hace unas semanas una relativamente breve crítica refutando por punto las afirmaciones de APR. Enlazo el texto, presente en una reseña que hago de una reciente obra del mismo Esdaile:

    http://diariodelibros.wordpress.com/2011/05/19/napoleons-warsresena/

    Sintetizando:

    - Los resultados que refiere APR sobre la investigación de D. José Manuel Guerrero Acosta difícilmente pueden ser novedosos, pues el episodio del "segundo parte" de Wellington tras La Albuera ya aparece descrito con detalle en una obra publicada en ¡1944! Y más, si el mismo Esdaile también habla de ello en su The Peninsular war (2002).

    - La crítica de APR contra Esdaile respecto a que el historiador británico, supuestamente, ignore en su obra los saqueos y asesinatos perpetrados por tropas británicas tras la toma al asalto de Ciudad Rodrigo y Badajoz en 1811 y San Sebastián en 1813. Todo esto es falso, pues Esdaile sí los describe y analiza en su obra antes mancionada - The Peninsular War (2002)-.

    Se podrán encontrar más detalles en el artículo anteriormente enlazado.

    Un saludo,

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