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LA CITA DEL MES: Cyrano de Bergerac

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Hispanistas e hispanismo

El estudio científico de España y de lo español nació en Francia

Francia es sin duda el país más intrínsecamente hispanófilo de Europa. El término "hispanista" es probablemente de origen francés.

España ha sido desde antiguo foco de atención para viajeros y estudiosos. Pocos países y pocas civilizaciones pueden preciarse de haber constituido una categoría propia como objeto de estudio. A finales del siglo XIX se consolidaron distintas voces para expresar ese interés por la lengua, la cultura y las cosas de España, siendo las principales hispanista e hispanismo así como hispanizante, hispanófilo y su contrario hispanófobo.

El término hispanista

Una de las acepciones de hispanista en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es “persona que profesa el estudio de lenguas, literaturas o cultura hispánicas, o está versada en ellas”. Esta definición no dice que la persona en cuestión tenga que ser forzosamente extranjera, lo que explica que en la Asociación Internacional de Hispanistas sean numerosos los españoles. Por otra parte, el término "estudio" de tan diáfana definición nos permite sospechar que hispanista nació entre estudiosos. Y así es. Hasta ahora se pensaba que la introducción de hispanista en español se debería nada menos que a don Marcelino Menéndez Pelayo, quien en sus "Ensayos de Crítica Filosófica", publicados en 1892, se refirió al “docto hispanista y muy querido amigo mío Morel-Fatio”.
El término francés, hispaniste, sería algo anterior. Antonio Niño descubrió el término francés hispaniste también en un artículo de Alfred Morel-Fatio de 1879, y Jean Lemartinel también notó la presencia de hispaniste en una carta del poeta francés José María de Heredia a Morel-Fatio, ese mismo año.
La Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España permite comprobar en pocos segundos que hispanista, en este sentido, aparece también en 1879, un trece de enero, en un artículo de Felipe Benicio Navarro publicado en Los Lunes del Imparcial, y hablando del mismo Morel-Fatio y difundiendo en el periódico la "Sátira contra el sitio del Escorial" que había divulgado dicho investigador en L'Espagne au XVIème et au XVIIème siècles. Es, por lo tanto, no sólo posible sino muy probable que sea en la obra del erudito francés, en su entorno inmediato o en sus correspondientes donde tengamos que buscar el origen de la acepción del término, que se debió acuñar en 1879, o poco antes.

Hispanistas distintos, miradas diferentes

El interés por España es, desde luego, anterior a Morel-Fatio, y el hispanismo tiene antecedentes más lejanos, como la hispanofilia de determinados literatos: pienso en autores también franceses como Alexandre Dumas y Téophile Gautier, creadores de sendas obras acerca de sus viajes a España que alimentaron una renovación de la visión de España y de lo español, en la línea romántica -sin duda- pero siempre diferenciada.

Hoy día, como ayer, la etiqueta hispanista recubre muy distintas personalidades y vocaciones, pero el nexo común es lo español y España, siendo lo de menos la óptica particular. Se entiende también que no hay por lo tanto una específica mirada francesa o extranjera sobre España sino que hay tantas miradas como hispanistas; los mismos españoles son los primeros hispanistas: ven las cosas con distintas perspectivas en función de sus creencias y de la formación que recibieron; no hay una única mirada española sobre España, hay tantas como españoles que se molesten en mirar.
Entre los españoles se incluye, claro está, a todos aquellos que pertenecen a naciones con lazos tan profundos con España que cuesta considerarlos "extranjeros": hispanoamericanos, filipinos, portugueses y brasileños, judíos sefardíes, etc.; y es que el concepto de Hispanidad es vastísimo y supera cualquier tentativa de circunscribir lo español y lo hispánico a una serie de fronteras físicas.

Hispanistas en Madrid

Como ejemplo de hispanistas distintos y de miradas diferentes, se pueden dar unos pocos nombres de los notabilísimos hispanistas que han pasado por la madrileña Casa de Velázquez: Marcel Bataillon, Georges Bataille, François Chevalier, Robert Ricard, Jean Sarrailh, Pierre Vilar, Didier Ozanam, Guy Beaujouan, René Quatrefages, Jean Pierre Etienvre, Dominique de Courcelles, François Chevalier, Jacques Lafaye, Agustín Redondo, Henry Kamen, Henri Terrasse, Jean Canavaggio y el recientemente fallecido Pierre Chaunu.
Se añaden a estos nombres los de los pioneros del hispanismo francés: Pierre Paris, Maurice Legendre, Ernest Mérimée y el ya citado Alfred Morel-Fatio. Difícil será encontrar un elenco más brillante y de personalidades más diferenciadas en su forma de entender y de estudiar la cultura española.

Otros hispanismos, otros hispanistas

Además del francés, se tiene que tener en cuenta la existencia de un hispanismo de larga tradición científica en los Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Italia, Holanda, Japón, Corea y -cada vez más- en China. Entre los estudiosos de lo hispánico se pueden subrayar la profunda identificación de algunos con España, hasta el punto de haber adquirido nuestra nacionalidad, como Ian Gibson o Gabriel Jackson. Ambos nuevos compatriotas, de respectivo origen irlandés y norteamericano, brindan una visión más bien favorable al bando perdedor de la Guerra Civil; en cambio, Legendre no ocultaba sus preferencias por los vencedores, por poner un ejemplo. Otros hispanistas de lengua inglesa como el clásico Charles Lummis o el también norteamericano Stanley Payne difícilemente se amoldarán a ese tipo de etiquetas.
De ahí lo absurdo que resulta hablar de hispanismo en términos absolutos: existen hispanistas, y cada uno de ellos tiene su propia visión de las cosas, que refleja su personalidad.

Artículo originalmente publicado en el desaparecido portal suite101.net el 11 de noviembre de 2009 y recuperado el 28 de noviembre de 2016.
Puede leerse aquí una copia en archive.org

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